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Prot. N.° DC-025/2026

La formaciรณn del discรญpulo comienza cuando aprende a escuchar la voz del Seรฑor y culmina cuando toda su vida anuncia a Cristo con fidelidad y amor.

Vivimos en un mundo donde muchas veces es fรกcil dejar crecer dentro de nosotros cosas que, poco a poco, nos alejan de Dios. El rencor, la envidia, el orgullo, las malas intenciones y los deseos de hacer daรฑo pueden comenzar siendo algo pequeรฑo, pero con el tiempo pueden convertirse en una verdadera cizaรฑa dentro de nuestro corazรณn.

Muchas veces resulta sencillo seรฑalar los errores de otra persona. Podemos decir que alguien es problemรกtico o que siempre busca hacer daรฑo, pero pocas veces nos detenemos a pensar si nosotros tambiรฉn estamos dejando crecer alguna clase de cizaรฑa. Tal vez nuestras palabras han herido a alguien o quizรกs hemos actuado con orgullo, rencor o envidia sin darnos cuenta.

Dios no quiere que vivamos siendo cizaรฑa para los demรกs. ร‰l quiere que cambiemos y que aprendamos a sembrar cosas buenas. Quiere que nuestras palabras lleven paz y que nuestras acciones ayuden en lugar de destruir. Cuando una persona busca dividir o hacer daรฑo, se aleja del camino que Dios quiere para ella, pero eso no significa que Dios deje de llamarla.

Una de las maneras de comenzar ese cambio es acercรกndonos al Sacramento de la Reconciliaciรณn. La confesiรณn nos permite reconocer aquello que estรก mal en nuestra vida y ponerlo delante de Dios con un corazรณn arrepentido. Es como permitir que el Seรฑor arranque de nosotros aquello que nos estรก alejando de ร‰l, para que nuevamente pueda crecer el bien.

Muchas veces podemos sentir vergรผenza de confesarnos porque hemos cometido los mismos errores varias veces. Podemos pensar que Dios ya se cansรณ de nosotros. Pero el Papa Francisco nos dejรณ una frase que nos recuerda la grandeza de la misericordia de Dios:

“Dios es tan misericordioso, que no se cansa de perdonarnos; quienes nos cansamos de pedir perdรณn somos nosotros”.

Estas palabras nos recuerdan que Dios no se cansa de llamarnos a volver. La confesiรณn no significa que nunca volveremos a equivocarnos; significa que tenemos la humildad de reconocer nuestras faltas y el deseo de comenzar nuevamente.

Dios aborrece el pecado porque destruye nuestra relaciรณn con ร‰l y con los demรกs, pero no abandona al pecador. Cuando una persona se aleja de su gracia por sus propias decisiones, Dios sigue ofreciรฉndole su misericordia y la oportunidad de convertirse. Nadie estรก obligado a permanecer siendo la misma persona para siempre.

Por eso, la cizaรฑa tambiรฉn puede ser una llamada personal. Antes de preguntarnos quiรฉn estรก siendo cizaรฑa en nuestra comunidad, debemos preguntarnos quรฉ estamos dejando crecer nosotros. Tal vez necesitamos arrancar el orgullo, pedir perdรณn por una ofensa, dejar un rencor o simplemente acercarnos nuevamente a Dios.

La verdadera conversiรณn comienza cuando dejamos de mirar solamente la cizaรฑa de los demรกs y empezamos a reconocer la nuestra. Dios no nos pide que seamos perfectos, pero sรญ nos pide un corazรณn dispuesto a cambiar.

Pidamos al Seรฑor que nos ayude a reconocer aquello que estรก mal en nuestro corazรณn, que nos dรฉ la humildad para acercarnos a la confesiรณn y la fuerza para cambiar. Que podamos dejar atrรกs aquello que provoca divisiรณn y comenzar a sembrar paz donde antes habรญa problemas.

Que Dios nos ayude a arrancar la cizaรฑa que crece dentro de nosotros y que haga crecer cada dรญa una semilla de amor. Que nunca olvidemos que su misericordia es mรกs grande que nuestras caรญdas y que siempre podemos volver a ร‰l con un corazรณn sincero.

Porque la cizaรฑa no tiene que ser el final de nuestra historia. Con Dios, siempre puede comenzar una nueva vida.

+ Rev. Pbro. Josรฉ Carlos Venegas.


Dicasterio para el Clero, Ciudad del Vaticano 19 de septiembre del 2026.
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