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Prot. N.° DC-012/2026

La formaciรณn del discรญpulo comienza cuando aprende a escuchar la voz del Seรฑor y culmina cuando toda su vida anuncia a Cristo con fidelidad y amor.

La figura de Marรญa ocupa un lugar central en la historia de la salvaciรณn. Desde los primeros siglos, la Iglesia la ha contemplado como la nueva Eva, aquella que, con su obediencia y fe, se convierte en colaboradora del plan divino. Si Eva, al escuchar la voz de la serpiente, abriรณ la puerta al pecado y a la muerte, Marรญa, al escuchar la voz del รกngel, abriรณ la puerta a la gracia y a la vida. En ella se cumple la promesa de Dios: “Pondrรฉ enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya” (Gn 3,15). Esa mujer es Marรญa, y su descendencia es Cristo, vencedor del pecado y de la muerte. San Ireneo de Lyon, uno de los Padres de la Iglesia, afirmรณ: “Asรญ como Eva, seducida por la palabra del รกngel malo, desobedeciรณ y se convirtiรณ en causa de muerte, asรญ tambiรฉn Marรญa, persuadida por la palabra del รกngel bueno, obedeciรณ y se convirtiรณ en causa de vida”.

La comparaciรณn entre Eva y Marรญa revela un contraste decisivo: la primera se dejรณ llevar por la desconfianza, la segunda se dejรณ guiar por la fe. Eva cerrรณ el camino hacia Dios; Marรญa lo abriรณ nuevamente, conduciendo a la humanidad hacia Cristo. no es fin en sรญ misma, sino camino hacia su Hijo. En las bodas de Canรก, sus palabras resuenan como mandato permanente: “Hagan lo que ร‰l les diga” (Jn 2,5). Ella conduce a los creyentes a la obediencia y a la confianza en Cristo.

Su maternidad espiritual se extiende a toda la Iglesia, que encuentra en ella consuelo, guรญa y esperanza. Marรญa es madre porque nos engendra en la fe y nos acompaรฑa en el camino de santidad.La Iglesia, a lo largo de los siglos, ha reconocido en Marรญa diversos aspectos de su misiรณn a travรฉs de las advocaciones. Cada una de ellas ilumina un rasgo particular de su relaciรณn con Cristo y con la Iglesia.La Asunciรณn: Marรญa, elevada en cuerpo y alma al cielo, participa ya de la victoria de Cristo sobre la muerte. Es signo de esperanza para los creyentes, pues lo que Dios realizรณ en ella lo cumplirรก tambiรฉn en nosotros.La Inmaculada Concepciรณn: Marรญa, preservada del pecado original, es la nueva Eva que inaugura una humanidad renovada en la gracia.La Virgen de los Dolores: Marรญa une su corazรณn al sacrificio redentor de Cristo, mostrando que la maternidad espiritual incluye tambiรฉn el sufrimiento.La Virgen del Rosario: Marรญa nos conduce a meditar los misterios de Cristo, enseรฑรกndonos a contemplar su vida, pasiรณn y gloria.La Virgen de Guadalupe: En Amรฉrica, Marรญa se presenta como madre cercana, que acoge a los pueblos y los conduce hacia su Hijo.

Marรญa, en todas sus advocaciones, nos conduce siempre a Cristo. Ella no se queda en sรญ misma, sino que seรฑala el camino. La Iglesia, al contemplarla, aprende a vivir la obediencia, la confianza y la esperanza.

En la pastoral, Marรญa es modelo de acogida, consuelo y fidelidad. En la espiritualidad, es madre que alimenta, guรญa y sostiene. La Asunciรณn, en particular, nos recuerda que nuestro destino final es participar de la gloria de Cristo.

Marรญa es la nueva Eva porque inaugura un nuevo comienzo para la humanidad. Su “sรญ” abre el camino hacia Cristo, y sus advocaciones, especialmente la Asunciรณn, nos muestran la plenitud de ese camino: la victoria sobre el pecado y la muerte. Contemplar a Marรญa es contemplar el destino de la Iglesia y de cada creyente: ser transformados en Cristo y participar de su gloria eterna.

+ Rev. Pbro. Isael Vรกzquez.


Dicasterio para el Clero, Ciudad del Vaticano 15 de agosto del 2026.

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