SERVUS SERVORUM DEI
Al comenzar este santo tiempo de Cuaresma, la Iglesia nos invita a recorrer un camino de conversión, recogimiento y esperanza. Son cuarenta días de gracia en los que el Señor nos llama a volver el corazón a Él, a revisar nuestra vida y a renovar nuestro compromiso como auténticos discípulos. Como nos recuerda la Sagrada Escritura: «Convertíos a mí de todo corazón, con ayuno, con llanto y con luto» (Joel 2,12). Esta es la voz amorosa de Dios que no condena, sino que espera; no rechaza, sino que abraza al que retorna.
La Cuaresma no es un tiempo de tristeza, sino de oportunidad. Es el momento propicio para fortalecer la oración, practicar el ayuno que nos libera de aquello que nos ata, y ejercitar la caridad que nos hace verdaderamente hermanos. Allí donde hay división, sembremos unidad; donde haya indiferencia, sembremos servicio; donde haya error, actuemos con justicia y con conocimiento de causa, siempre iluminados por la verdad y la misericordia.
En nuestra Comunidad, este tiempo debe impulsarnos a dar testimonio también en lo pequeño: en nuestras palabras, en nuestras decisiones y en la convivencia diaria. Cada acción puede ser ofrenda agradable a Dios si nace de un corazón recto. Incluso en el mundo digital estamos llamados a reflejar la luz de Cristo, siendo signo de respeto, orden y fraternidad.
Que esta Cuaresma nos conduzca a una Pascua renovada, donde Cristo reine en nuestras vidas con más fuerza. No tengamos miedo de cambiar, no tengamos miedo de corregirnos, no tengamos miedo de amar más. Volver el corazón a Él es descubrir que Él nunca ha dejado de mirarnos con amor.
Dado en Roma, junto a la tumba del Apóstol Pedro, a los dieciocho (18) días del mes de febrero del Año Santo dos mil veintiséis (2026), segundo de Nuestro pontificado.
Pontifex Maximvs
