SACRM CONCILIVM P AULINVM
CONSTITUCIÓN CONCILIAR
“UNIÓN POR SACRA”
SOBRE LA SAGRADA LITURGIA
EN LA SANTA IGLESIA DE MINECRAFT
BENEDICTVS , E PISCOPVS
PRIMAS ITALIÆ ET ARCHIEPISCOPVS PROVINCIÆ
ROMANÆ METROPOLITANVM
DOMINVS STATVS VATICANO CIVITATIS
SERVVS SERVORVM DEI
VICARIOS FILIALES DEI
U NA C VM SACROSANCTI C ONCILII
AD PERPETUUM REI MEMORIAM
PREÁMBULO
INTRODUCCIÓN
1. El Santo Concilio se propone fomentar la vida cristiana entre los fieles, adecuar las estructuras de la Iglesia a las exigencias del tiempo presente, impulsar la unidad de todos los creyentes en Cristo y fortalecer aquello que favorezca la conversión de los hombres al seno de la Iglesia. En este sentido, considera de suma importancia la renovación y promoción de la Sagrada Liturgia.
2. La Liturgia, en cuyo centro se encuentra el sacrificio eucarístico, es el ámbito donde se actualiza la obra redentora de Cristo y donde los fieles expresan y manifiestan en la vida el misterio de Cristo y la verdadera naturaleza de la Iglesia, la cual es a la vez humana y divina, visible y portadora de realidades invisibles, activa en el mundo y orientada hacia la contemplación. Todo en la Liturgia debe ordenarse de manera que lo humano sirva a lo divino, lo visible se someta a lo invisible y la acción conduzca a la comunión con Dios ya la edificación del Cuerpo de Cristo.
✠ Monseñor Mariano Villareal Olivares , Presidente de la Comisión para la Liturgia.
✠ Monseñor Nahim Josué Ruiz Pérez , Auxiliar de la Comisión.
✠ Monseñor Pablo José Kynast , Relator de la Comisión.
✠ Monseñor Nahim Josué Ruiz Pérez , Auxiliar de la Comisión.
✠ Monseñor Pablo José Kynast , Relator de la Comisión.
CAPÍTULO I
ARGUMENTOS GENERALES PARA
LA REFORMA Y PROMOCIÓN ACTIVA DE LA LITURGIA
JESUCRISTO, REDENTOR DEL GENERO HUMANO
3. Dios, que desea que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (cf. 1 Tim 2,4) , habiendo hablado en otro tiempo por medio de los profetas (cf. Heb 1,1) , en la plenitud de los tiempos envió a su Hijo, encarnado por obra del Espíritu Santo, para proclamar la Buena Nueva a los pobres, sanar a los quebrantados de corazón (cf. Lc 4,18) y reconciliar a la humanidad con el Padre. En la unidad de su Persona divina, su humanidad fue el instrumento de nuestra salvación. Así, en Cristo se consumó nuestra redención y se nos otorgó el culto perfecto a Dios.
La obra redentora del Señor, prefigurada en la Antigua Alianza, alcanzó su culmen en el Misterio Pascual: su Pasión, Muerte y Resurrección, por el cual destruyó la muerte y nos otorgó la vida eterna. De su costado traspasado nació el admirable sacramento de la Iglesia, por el cual los hombres se integran en su Cuerpo Místico.
POR EL SACRIFICIO Y LOS SACRAMENTOS
4. Como el Padre envió a Cristo, así Cristo envió a los Apóstoles, llenos del Espíritu Santo, para anunciar la redención a todas las naciones y realizar la obra de salvación por medio del sacrificio y los sacramentos. En torno a ellos se organiza toda la vida litúrgica, pues por el Bautismo los hombres son incorporados a la muerte y resurrección de Cristo (cf. Rom 6,4) , y en la Eucaristía proclaman su muerte hasta que vuelva (cf. 1 Cor 11,26) . Desde el día de Pentecostés, la Iglesia ha celebrado sin cesar el Misterio Pascual, proclamando la Palabra de Dios y celebrando la fracción del pan, edificándose en la caridad y glorificando a Dios (cf. Hch 2,42-47) .
PRESENCIA DE CRISTO EN LA LITURGIA
5. Cristo está presente en su Iglesia de múltiples maneras, pero de modo especial en la Liturgia. Está presente en el sacrificio del altar, en la persona del sacerdote y bajo las especies eucarísticas. Se halla en los sacramentos, obrando por su poder salvador; en la Palabra proclamada en la asamblea; y cuando la Iglesia ora y canta en su Nombre (cf. Mt 18,20) .
6. En la Liturgia terrena participamos, como anticipo, en la Liturgia celestial, en la que Cristo, como Sumo Sacerdote, intercede ante el Padre en el Santuario eterno (cf. Heb 8,2) . En ella nos unimos a los ángeles y santos en la alabanza a Dios, mientras esperamos la manifestación gloriosa de Cristo y nuestra plena comunión con Él (cf. Col 3,4) .
LUGAR DE LA LITURGIA EN LA VIDA DE LA IGLESIA
7. La Liturgia, aunque centro y culmen de la vida eclesial, no agota toda la acción de la Iglesia. Antes de que los hombres puedan participar plenamente en ella, deben recibir el anuncio de la fe y convertirse en Dios. Por ello, la Iglesia predica incansablemente el Evangelio, exhortando a la conversión y disponiendo a los fieles para los sacramentos, a fin de que sean luz en el mundo y den gloria al Padre con sus obras.
8. No obstante, la Liturgia es también la fuente de donde mana toda la fuerza de la Iglesia. De ella los fieles reciben el alimento espiritual para vivir en caridad y fidelidad a Cristo. La Eucaristía, en particular, es la fuente y culmen de la vida cristiana, pues en ella se nos otorgan la gracia y la comunión con Dios.
VIDA ESPIRITUAL EXTRA-LITÚRGICA
9. La vida espiritual no se agota en la participación en la Liturgia. El cristiano debe también cultivar la oración personal (cf. Mt 6,6) , perseverando en la oración incesante (cf. 1 Tes 5,17) y llevando en su cuerpo la entrega de Cristo (cf. 2 Cor 4,10). . Por ello, en la Misa pedimos que Dios nos haga una ofrenda viva y santa, agradable a Él.
Se recomienda la práctica de ejercicios piadosos aprobados por la Iglesia, los cuales, cuando están bien ordenados, conducen a los fieles a una mayor participación en la Liturgia y fortalecen su vida espiritual. Es necesario que estas devociones se armonicen con los tiempos litúrgicos y se inspiren en la Liturgia, para que los fieles sean conducidos a la fuente viva de la gracia divina.
CAPÍTULO II
EL SAGRADO MISTERIO DE LA EUCARISTÍA
INSTITUCIÓN Y NATURALEZA
10. La Eucaristía, instituida por Jesucristo en la Última Cena, es el sacramento central de la Iglesia, que constituye el memorial perenne del sacrificio redentor de Cristo. En las palabras de Jesús, "Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo" (Mt 26,26) , encontramos la institución del sacramento, que no solo tiene una dimensión litúrgica, sino una profunda implicancia eclesial y teológica. Este acto de Cristo establece una comunión real y mística con Él, y perpetúa su sacrificio de manera incruenta, como lo enseña la Iglesia, que la considera la "fuente y cumbre de toda la vida cristiana" [1] .
11. La Eucaristía es también un sacramento de comunión, tanto con Cristo como entre los miembros de la Iglesia. Como bien señala san Pablo: "El pan que partimos, ¿no es la comunión del Cuerpo de Cristo?" (1 Co 10,16) . Este sacramento no solo fortalece la relación personal con Cristo, sino que construye la unidad de la Iglesia, el Cuerpo Místico de Cristo. En ella, todos los fieles participantes del mismo Cuerpo y Sangre del Señor, siendo transformados en una sola comunidad.
12. En la actualidad, la Eucaristía se presenta no solo como un acto litúrgico celebrado en las iglesias, sino también como una oportunidad pedagógica y catequética en los espacios digitales. Las plataformas digitales permiten transmitir el misterio de la Eucaristía de manera accesible y enriquecedora, llegando a más personas y fomentando una comprensión más profunda de este sacramento. Esta ampliación del alcance de la Eucaristía refuerza la misión evangelizadora de la Iglesia, que busca no solo aumentar el número de miembros, sino también fortalecer la formación catequética.
LAS HOMILIAS
13. La homilía, como parte integral de la liturgia, no debe ser entendida como una simple explicación de las lecturas, sino como un acto litúrgico profundo destinado a alimentar el alma de los fieles. La proclamación de la Palabra de Dios en la homilía debe ir más allá de una exposición técnica; debe ser un medio por el cual los creyentes se adentran en el misterio divino y permiten que la palabra viva y eficaz transforme sus vidas. La homilía tiene un propósito catequético y pastoral fundamental: “se exponen a partir de los textos sagrados, los misterios de la fe y las normas de la vida cristiana ” [2] .
14 . La homilía debe centrarse genuinamente en las Escrituras, evitando interpretaciones superficiales o ajenas al mensaje bíblico. Su reflexión debe ser un discernimiento profundo, no un ejercicio de exhibición ni depender demasiado de herramientas externas, como las digitales o las inteligencias artificiales. Aunque estos medios amplían su alcance, el contenido debe mantenerse fiel a la tradición de la Iglesia y a la profundidad de la Palabra. La homilía no debe ser una interpretación personal, sino una reflexión que, guiada por el Espíritu Santo, conduzca a los fieles a un encuentro con Cristo.
15. §1 . Es de suma importancia que la homilía sea proclamada con seriedad en todas las celebraciones eucarísticas, especialmente en las misas dominicales y de precepto, independientemente de la cantidad de asistentes, como lo establece el Código de Derecho Canónico [3] . La obligación de la homilía en estas celebraciones subraya su relevancia como un acto de enseñanza que fortalece la comunidad y permite una mayor comprensión de la Palabra de Dios, tanto del sacerdote como del pueblo.
§2 . En las misas feriales, si bien el silencio personal puede sustituir la homilía, esto no debe interpretarse como una omisión, sino como una oportunidad para que la comunidad tenga un espacio de encuentro y meditación más profunda con la Palabra de Dios proclamada.
16. Finalmente, la preparación de la homilía debe ser un acto de seriedad y responsabilidad pastoral. No debe ser producto de la improvisación, sino de una reflexión cuidada y profunda que garantiza que el mensaje de las Escrituras sea transmitido de manera fiel y comprensible. Este acto de predicación, por lo tanto, no es solo un deber litúrgico, sino una responsabilidad que involucra una profunda preparación teológica, pastoral y espiritual, y debe ser proclamada con un corazón dispuesto a vivir lo que se predica.
LA LITURGIA DE LA PALABRA
17. En las celebraciones eucarísticas dentro de nuestra comunidad virtual, donde la liturgia de la Eucaristía no tiene el mismo valor sacrificial ni la validez que posee en la Iglesia de la realidad, es aún más importante dar un énfasis particular a la liturgia de la palabra. Si bien la Eucaristía en el contexto virtual no puede ser considerada un acto sacramental pleno, la proclamación de la palabra de Dios sigue siendo un medio eficaz para fortalecer la fe de la comunidad y profundizar en el misterio de Cristo.
18. La liturgia de la palabra, al ser un acto de revelación que proviene de Dios, se convierte en el principal medio a través del cual las personas pueden entrar en contacto con la enseñanza de las Escrituras y experimentar un encuentro auténtico con el Cristo vivo. En este sentido, es fundamental que la proclamación de las lecturas se haga con el máximo respeto y cuidado, no solo como una explicación, sino como un enfoque catequético que invita a las personas a integrar la palabra de Dios en su vida cotidiana.
19. "Es necesario, por consiguiente, que toda la predicación eclesiástica, como la misma religión cristiana, se nutra de la Sagrada Escritura, y se rija por ella". [4] , especialmente en una celebración virtual, donde la presencia sacramental no está plenamente materializada. La importancia de la palabra de Dios en este contexto no solo radica en su capacidad de enseñar, sino en su poder para transformar el corazón de los fieles, incluso en un espacio virtual. Así, en lugar de ser un acto secundario, la liturgia de la palabra en las misas virtuales debe ser el centro de la celebración.
LA LITURGIA EUCARÍSTICA
20. La liturgia eucarística, como el momento culminante de la misa, es la instancia en la que los fieles establecieron una conexión con Cristo, y por ello debe celebrarse con la máxima reverencia y solemnidad. Es fundamental que cada rito sea llevado a cabo con dignidad y conforme al orden establecido, ya que cualquier desviación podría afectar la experiencia espiritual de la asamblea. La Eucaristía, como enseñan los Padres de la Iglesia, es el sacramento central que da vida a la Iglesia y fortalece la fe de los fieles.
21. §1 . En el contexto digital, la celebración de la liturgia eucarística enfrenta desafíos únicos, pues aunque no es un sacramento válido en el sentido estricto de la palabra, debido a la ausencia de los elementos esenciales para la consagración, debe mantener la solemnidad propia de este acto sagrado. Las celebraciones virtuales, aunque no tengan el carácter sacramental completo, siguen siendo momentos significativos de fe, en los que la comunidad puede vivir el misterio eucarístico y compartir el espíritu de comunión, especialmente entre los jóvenes.
§2 . Se establece , a pesar de las limitaciones del entorno digital, se guarda el respeto debido al acto litúrgico, recordando que la Eucaristía es una conmemoración del sacrificio redentor de Cristo y una invitación a vivir en unidad con Él y con los hermanos.
22. El respeto por la liturgia eucarística debe ser inquebrantable, ya que cualquier omisión o alteración de los elementos esenciales, en la liturgia eucarística, puede llevar a interpretaciones erróneas que trivialicen este sacramento. La Iglesia nos enseña que la Eucaristía es el sacramento de la salvación y que, aunque en el contexto digital no se pueda realizar una celebración sacramental válida, debemos preservar la solemnidad y el respeto debido, orientando nuestras acciones siempre hacia la glorificación de Dios.
23. La Eucaristía tiene raíces bíblicas, como lo muestran figuras del Antiguo Testamento, como Melquisedec, quien ofreció pan y vino (cf. Gn 14,18) , y el pan del cielo que sustentó al profeta Elías (cf. 1 Re 19,5-8) . Estas prefiguraciones resaltan la trascendencia histórica del sacramento y subrayan la necesidad de que los fieles comprendan su verdadero significado, celebrándolos siempre con respeto y reverencia, ya que cualquier falta de respeto hacia la Eucaristía es una falta hacia Cristo mismo.
CAPÍTULO III
LOS DEMAS SACRAMENTOS Y SACRAMENTALESNATURALEZA DE LOS SACRAMENTOS
24. Los sacramentos son signos sensibles y eficaces de la gracia, instituidos por Cristo para santificar a los hombres. A través de ellos, Dios obra en el alma de los fieles, transmitiendo su gracia de manera real y concreta. Cada sacramento está compuesto por una materia visible (elementos materiales) y una forma (palabras o gestos) que, al ser celebrados con la debida disposición, confieren la gracia que simbolizan. Los sacramentos no son simples símbolos, sino medios reales de salvación, instituidos por Cristo para que la Iglesia pueda continuar su obra redentora en el mundo [5] . La eficacia de los sacramentos depende de la acción del Espíritu Santo, quien obra en el celebrante y en los fieles, y de la fe de quienes los reciben, ya que sin fe no pueden recibir los frutos de la gracia.
LOS SACRAMENTOS EN LA REALIDAD VIRTUAL
25. Los sacramentos, como signos visibles y eficaces de la gracia, son fundamentales para la vida de la Iglesia. No obstante, en el contexto de una comunidad virtual, debemos reconocer que los sacramentos no pueden ser celebrados de manera válida. Esto se debe a la naturaleza tangible de los sacramentos, que requiere una presencia física y ministros válidamente ordenados para ser administrados correctamente.
LA ADMINISTRACIÓN
26. Sin embargo, la Eucaristía y el Orden Sacerdotal mantienen un lugar central en nuestra comunidad, aunque no tienen validez sacramental en el contexto virtual, ya que carecen de los elementos esenciales para la consagración. Estos actos, sin embargo, siguen siendo significativos como actos simbólicos de nuestra fe, reflejando el compromiso de vivir los misterios divinos en el ámbito virtual. Es crucial, por tanto, que mantengamos una clara distinción entre lo que es simbólico y lo que es sacramentalmente válido, explicando que, aunque celebramos la Eucaristía y las Órdenes Sagradas, no son sacramentos válidos en este entorno.
27. Se establece que se debe seguir promoviendo la formación catequética sobre los sacramentos, para que los fieles comprendan su verdadera naturaleza y la diferencia entre el ámbito virtual y el mundo real. Mientras tanto, debemos seguir celebrando estos actos de manera simbólica, siempre con respeto y reverencia, entendiendo su valor como medio de acercamiento a Dios y fortalecimiento de la fe.
EL BAUTISMO
28. Se establece que el sacramento del Bautismo queda prohibido realizarse, pues, incorpora a la persona al Cuerpo de Cristo, lo cual no puede repetirse virtualmente.
LA CONFIRMACIÓN
29. De igual manera, se prohíbe su celebración, esto se debe a la naturaleza tangible de los sacramentos, que requieren una presencia física para ser eficazmente administrados.
LA PENITENCIA O CONFESIÓN
30. Se define que el sacramento de la penitencia sea totalmente suprimido. Se permite, que sea entendido como una dirección espiritual entre hermanos, lo cual no ha de confundirse con el sacramento.
LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS
31. Se prohíbe la realización de este sacramento, pues este que responde al sufrimiento corporal y al peligro de muerte, lo cual no puede existir en un contexto digital.
EL MATRIMONIO
32. Se establece que no ha de celebrarse bajo ninguna circunstancia, ya que requieren la interacción física del ministro y la disposición de los fieles en un contexto concreto.
EL RITO DE LAS EXEQUIAS
33. §1. El rito de las exequias tiene una profunda significación teológica, ya que conecta a los fieles con el misterio pascual de la muerte y resurrección de Cristo. Tal como lo enseña la Iglesia, las exequias no son solo un acto de despedida, sino una oración de intercesión por el alma del difunto, confiándola a la misericordia de Dios [6]
§2. En el contexto virtual, donde la muerte física no se experimenta de manera directa, el rito de las exequias no puede ser banalizado ni trivializado. Celebrar este rito sin la debida gravedad y discernimiento podría desvirtuar su propósito sagrado, convirtiéndolo en un acto vacío.
34. §1. Se establece que celebración de las exequias debe ser reservado únicamente para aquellos que, por su relevancia y servicio dentro de la comunidad, realmente merecen tal honra, como el Romano Pontifice.
§2. Asimismo, en el caso de un miembro de la comunidad que haya fallecido en la vida real, el rito de exequias puede ser celebrado como un acto de auténtica intercesión y oración por su descanso eterno (cf. 2 Mac 12, 44-45).
§3. De igual manera, se permite la realización del rito de exequias en honor a obispos o pastores que hayan fallecido en la vida real.
LOS SACRAMENTALES
35. Los sacramentales, instituidos por la Iglesia, son signos sagrados que disponen a los fieles a recibir la gracia y a santificar diversas circunstancias de la vida [7]. Entre ellos se encuentran el agua bendita, los crucifijos, los escapularios y las bendiciones. Aunque no confieren la gracia sacramental de manera directa, fortalecen la fe y fomentan la devoción.
36. En nuestro contexto virtual, los sacramentales pueden tener un valor simbólico, recordando realidades espirituales y ayudando a la comunidad a mantener viva su identidad cristiana. Sin embargo, su uso debe ser prudente y respetuoso, evitando cualquier trivialización que desvirtúe su propósito. Su función principal es conducirnos a una relación más profunda con Cristo y su Iglesia, sin sustituir la vivencia sacramental real.
LAS RELIQUIAS
37. Las reliquias, en sus diversas clases, están vinculadas al testimonio de los santos y a la tradición de la Iglesia. Su veneración nos recuerda la comunión de los santos y nos invita a imitar sus virtudes. La práctica de colocar reliquias en los altares expresa la unidad entre el sacrificio de Cristo y la entrega de los mártires.
38. En nuestro ámbito virtual, el uso de reliquias debe reservarse para contextos litúrgicos solemnes, como la dedicación de un altar, evitando cualquier uso indebido o banalización. Su función es reforzar la fe y la comunión eclesial, por lo que deben manejarse con reverencia y fidelidad a la enseñanza de la Iglesia.
CAPÍTULO IV
LA MÚSICA SACRAIMPORTANCIA Y PROMOCIÓN
39. La música sacra ocupa un lugar central en la liturgia, ya que no es un simple adorno, sino un medio privilegiado para elevar el alma a Dios y expresar la fe de la Iglesia. Como enseña el Magisterio, la música litúrgica debe estar orientada a la gloria de Dios y a la santificación de los fieles, respetando siempre la solemnidad y el carácter sagrado de las celebraciones [8].
Entre las formas más tradicionales y reconocidas de música sacra, el canto gregoriano ocupa un lugar preeminente, ya que la Iglesia lo ha identificado como propio de la liturgia romana [9]. Su riqueza espiritual y profundidad teológica lo convierten en un tesoro que debe ser preservado y fomentado.
40. Para garantizar la correcta formación en música litúrgica, es fundamental que los seminaristas y ministros reciban instrucción en este ámbito. Es necesario establecer criterios claros sobre los cantos apropiados para cada celebración, evitando aquellos que desvirtúen el espíritu de oración y recogimiento. La música debe ser un puente hacia lo trascendente, ayudando a los fieles a participar plenamente en el misterio de la fe y favoreciendo la unión con Dios.
ADAPTACIÓN A LAS DISTINTAS CULTURAS Y REGULACIÓN
41. No obstante, la Iglesia también reconoce la necesidad de adaptar la música litúrgica a las diversas culturas, siempre que se respete su carácter sagrado y se eviten expresiones profanas o inapropiadas [10].
Así, la música litúrgica debe ser fiel a la tradición de la Iglesia, enriquecida por la belleza del canto sagrado y abierta a las legítimas expresiones culturales, siempre que estas reflejen la dignidad y sacralidad del culto divino.
CAPÍTULO V
DEL RITO ROMANO ANTIGUO Y NUEVOEL RITO ROMANO ORDINARIO
42. El Novus Ordo Missae, promulgado por San Pablo VI tras el Concilio Vaticano II, busca una participación plena y consciente de los fieles en la liturgia [11]. Conserva la esencia del sacrificio eucarístico, pero con mayor accesibilidad a través de la lengua vernácula y una estructura más comprensible.
Sin embargo, su celebración debe mantenerse fiel a las rúbricas, evitando innovaciones arbitrarias que desvirtúen su sacralidad. La música, los gestos y la disposición del altar deben reflejar el carácter sagrado de la Eucaristía. Además, es fundamental que quienes lo celebran estén bien formados en su teología y espiritualidad. La liturgia no es propiedad de nadie, sino un tesoro de la Iglesia que debe custodiarse con reverencia.
EL RITO ROMANO ANTIGUO
43. La celebración del Vetus Ordo, también conocido como Misa Tridentina o rito extraordinario del rito romano, representa una riqueza espiritual y litúrgica dentro de la Tradición de la Iglesia. Sin embargo, su celebración debe estar marcada por el respeto a la normativa eclesial y por la formación litúrgica adecuada, para evitar interpretaciones erróneas o usos indebidos.
NORMATIVA
44. §1. El Magisterio de la Iglesia ha insistido en que la liturgia es una expresión viva de la fe y no un mero ejercicio estético o identitario. Por ello, la celebración del rito antiguo debe contar con una regulación clara, que garantice su carácter sagrado y su fidelidad a las disposiciones de la Iglesia.
§2. En este sentido, se establece que quienes deseen celebrarlo obtengan un permiso previo, directo de la Sede Apostólica, asegurando que posean la formación adecuada en latín, gestos litúrgicos y teología del rito.
§3. Asimismo, es esencial que la celebración de la Misa en su forma extraordinaria no se convierta en una práctica aislada o en una expresión de rechazo a la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II. La Iglesia, en su sabiduría, ha dispuesto que quienes celebren el Vetus Ordo deben estar también en plena comunión con el Papa y los obispos, y estar capacitados para celebrar igualmente el Novus Ordo, manteniendo así la unidad litúrgica y doctrinal.
§4. Por último, se recomienda que las lecturas en la Misa Tradicional se proclamen en la lengua vernácula, permitiendo a los fieles una mayor comprensión del mensaje evangélico.
CAPÍTULO VI
DE LOS RITOS ORIENTALES45. La Iglesia Católica, "tiene en gran honor todos los ritos legítimamente reconocidos". [12], No se limita al rito romano, sino que alberga una rica diversidad de ritos orientales en comunión con el Papa. Esta pluralidad manifiesta la catolicidad de la Iglesia, que, sin perder la unidad, acoge diversas tradiciones litúrgicas.
46. En América Latina existen eparquías orientales que reúnen a fieles de estos ritos. En caso de que personas provenientes de estos ritos deseen integrarse a la comunidad, debe examinarse cuidadosamente su petición.
47. San Pablo enseña que "Dios no es un Dios de confusión, sino de paz" (1 Corintios 14,33), lo que nos llama a evitar desórdenes litúrgicos. En el pasado, la falta de supervisión permitió que un individuo celebrara un rito oriental sin fidelidad a la tradición, generando divisiones. Para prevenir estos abusos, es imprescindible establecer normas claras y asegurar la formación adecuada de quienes celebren estos ritos.
48. Sin embargo, algunos hermanos en el episcopado expresaron inquietudes sobre la capacidad de supervisión y el riesgo de introducir ritos sin el debido conocimiento. Antes de adoptar otras formas litúrgicas, la comunidad debe garantizar la fidelidad y reverencia en la celebración del rito romano.
49. No se propone instaurar nuevos ritos, sino estar preparados para recibir a fieles orientales con prudencia y discernimiento. La diversidad litúrgica es una riqueza, pero siempre en plena comunión con la Iglesia y con fidelidad a la Tradición Apostólica.
CONCLUSIÓN
CONSIDERACIONES FINALES50. Este Sagrado Concilio, movido por el deseo de profundizar en los misterios de la sagrada liturgia, ha reflexionado sobre diversos aspectos de la misma. A lo largo de la historia, varios Sumos Pontífices han abordado esta materia, dejando aún cuestiones que requerían mayor esclarecimiento. No obstante, mediante la presentación de este documento a los Padres Conciliares en el transcurso de la I Sesión Conciliar, hemos procurado traer a la memoria los temas debatidos y discernidos en el seno de esta augusta asamblea.
En estas páginas se han expuesto principios fundamentales y disipado numerosas incertidumbres, con la intención de brindar una respuesta clara y firme a diversas cuestiones concernientes a la liturgia de la Iglesia: los sacramentos, la música sagrada, la celebración del Santo Sacrificio y otros elementos esenciales. Por ello, con esta Constitución, este Sagrado Concilio se dispone a rectificar desviaciones, esclarecer dudas y establecer normas que resguarden la sacralidad del culto divino.
Que, por medio de la liturgia sagrada, el pueblo fiel descubre la presencia viva de Cristo, quien nos habla a través de su Palabra, y que, fortalecidos por la enseñanza del Evangelio, avanzamos con firmeza en el camino de la santidad. Que la obra iniciada en el año del Señor 2022, continuada con celos pastoral por venerables hermanos que han amado y servido a esta Santa Iglesia, permanece inconmovible, fecunda y fiel a la misión de evangelizar.
Por la intercesión de la dulcísima Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, recibamos copiosamente los frutos de este Sagrado Concilio en la vida litúrgica de la Iglesia.
✠ Benedictus Pp
Pontífice Máximo
✠ Mons. Nicolás, Cardenal Quintero
✠ Mons. Jesús, Cardenal Ortiz
✠ Mons. Antonio, Cardenal Esteban
✠ Mons. Raffaele, Cardenal Vitali
✠ Mons. Kevin, Cardenal Miranda
✠ Mons. Ángel, Cardenal Castillo
✠ Monseñor Mariano Villareal
✠ Mons. Uriel García
✠ Mons. Nahim Ruiz
✠ Monseñor Pablo Kynast
✠ Monseñor Junior Gamboa
✠ Monseñor Sebastián Merino
✠ Mons. Christian Romero
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[1] cf. Constitución Conciliar "Sacrosanctum Concilium" sobre la Liturgia (10);
[2] cf. Constitución Conciliar "Sacrosanctum Concilium" sobre la Liturgia (52);
[3] cf. Código de Derecho Canónico (767 §1);
[4] cf. Constitución Dogmática "Dei Verbum" sobre la Divina Revelación (21);
[5] cf. Concilio de Trento, sesión VII;
[6] cf. Catecismo de la Iglesia Católica (1680);
[7] cf. Catecismo de la Iglesia Católica (1667);
[8] cf. Constitución Conciliar "Sacrosanctum Concilium" sobre la Liturgia (112);
[9] cf. Constitución Conciliar "Sacrosanctum Concilium" sobre la Liturgia (116);
[10] cf. Musicam Sacram (9);
[11] cf. Constitución Conciliar "Sacrosanctum Concilium" sobre la Liturgia (14);
[12] cf. Constitución Conciliar "Sacrosanctum Concilium" sobre la Liturgia (4).
