SANTA MISA SOLEMNE
Solemnidad de San Carlo Acutis Patrono de la Comunidad Católica de Minecraft en Español.
PRESIDE:
✠ INNOCENTIVS Pp.
PLAZA DE SAN PEDRO
DIOCESIS DE ROMA
13.10.2026
RITOS INICIALES
Reunido el pueblo, el Santo Padre se dirige al altar, con los ministros, mientras se entona el canto de entrada.
Cuando llega al altar, habiendo hecho con los ministros una inclinación profunda, venera el altar con un beso y, si es oportuno, inciensa la cruz y el altar. Después se dirige con los ministros a la sede.
Terminado el canto de entrada, el Santo Padre y los fieles, de pie, se santiguan con la señal de la cruz, mientras el Santo Padre, vuelto hacia el pueblo, dice:
✠En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
El pueblo responde:
℟. Amén.
Después el Santo Padre, extendiendo las manos, saluda al pueblo, diciendo:
La gracia de nuestro Señor Jesucristo,
el amor del Padre
y la comunión del Espíritu Santo
estén con todos ustedes.
El pueblo responde:
℟. Y con tu espíritu.
ACTO PENITENCIAL
A continuación se hace el acto penitencial, al que el Santo Padre invita a los fieles, diciendo:
Al comenzar esta celebración eucarística, pidamos a Dios que nos conceda la conversión de nuestros corazones; así obtendremos la reconciliación y se acrecentará nuestra comunión con Dios y con nuestros hermanos.
Pausa de silencio.
todos dicen en común la fórmula de la confesión general:
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mí gran culpa. Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.
Sigue la absolución de Santo Padre:
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
℟. Amén.
KYRIE
Señor, ten piedad.
SEÑOR, TEN PIEDAD.
SEÑOR, TEN PIEDAD.
Cristo, ten piedad.
CRISTO, TEN PIEDAD.
CRISTO, TEN PIEDAD.
Señor, ten piedad.
SEÑOR, TEN PIEDAD.
SEÑOR, TEN PIEDAD.
GLORIA
Gloria a Dios en el cielo,
y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.
Por tu inmensa gloria te alabamos,
te bendecimos, te adoramos,
te glorificamos, te damos gracias,
Señor Dios, Rey celestial,
Dios Padre todopoderoso Señor,
Hijo único, Jesucristo.
Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre;
tú que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros;
tú que quitas el pecado del mundo,
atiende nuestra súplica;
tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros;
porque sólo tú eres Santo,
sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo,
con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.
Amén.
ORACIÓN COLECTA
Terminado el himno, el Santo Padre, con las manos juntas, dice:
Oremos.
Y todos, junto con el Santo Padre, oran en silencio durante un breve espacio de tiempo. Después el Santo Padre, con las manos extendidas, dice la oración colecta:
Oh, Dios, que en la vida de san Carlo, mostraste las insondables riquezas de la Eucaristía e hiciste de él ejemplo para los jóvenes y testigo de misericordia para los pobres, concédenos también, por su intercesión, vivir siempre unidos a Ti y reconocerte en los hermanos que encontramos en nuestro camino. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.
℟. Amén.
LITURGIA DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURA
No somos hijos de una esclava, sino de la mujer libre
Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Galacia 4, 22-24. 26-27. 31-5,1
Hermanos:
Está escrito que Abraham tuvo dos hijos: uno de su esclava y otro de su mujer, que era libre. El hijo de la esclava nació según la carne; en cambio, el hijo de la mujer libre, nació en virtud de la promesa.
Está escrito que Abraham tuvo dos hijos: uno de su esclava y otro de su mujer, que era libre. El hijo de la esclava nació según la carne; en cambio, el hijo de la mujer libre, nació en virtud de la promesa.
Hay en todo esto un simbolismo: estas dos mujeres representan las dos Alianzas. La primera Alianza, la del monte Sinaí, que engendró un pueblo para la esclavitud, está representada por Agar.
Pero hay otra Jerusalén, la celestial, que es libre, y ella es nuestra madre. Porque dice la Escritura: ¡Alégrate, tú que eres estéril y no das a luz; prorrumpe en gritos de alegría, tú que no conoces los dolores del parto! Porque serán más numerosos los hijos de la mujer abandonada que los hijos de la que tiene marido.
Por lo tanto, hermanos, no somos hijos de una esclava, sino de la mujer libre. Esta es la libertad que nos ha dado Cristo. Manténganse firmes para no caer de nuevo bajo el yugo de la esclavitud.
Palabra de Dios.
℟. Te alabamos, Señor.
SALMO RESPONSORIAL
(Lc 1, 46-55)
℟. ¡Bendito sea el nombre del Señor!
Alaben, servidores del Señor,
alaben el Nombre del Señor.
Bendito sea el Nombre del Señor,
desde ahora y para siempre. ℟.
Bendito sea el Nombre del Señor,
desde ahora y para siempre. ℟.
Desde la salida del sol hasta su ocaso,
sea alabado el Nombre del Señor.
El Señor está sobre todas las naciones,
su gloria se eleva sobre el cielo. ℟.
sea alabado el Nombre del Señor.
El Señor está sobre todas las naciones,
su gloria se eleva sobre el cielo. ℟.
¿Quién es como el Señor, nuestro Dios,
que tiene su morada en las alturas,
y se inclina para contemplar el cielo y la tierra?
Él levanta del polvo al desvalido,
alza al pobre de su miseria. ℟.
que tiene su morada en las alturas,
y se inclina para contemplar el cielo y la tierra?
Él levanta del polvo al desvalido,
alza al pobre de su miseria. ℟.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
℟. Aleluya, aleluya, aleluya.
No endurezcan hoy su corazón,
sino escuchen la voz del Señor.
sino escuchen la voz del Señor.
℟. Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO
(Lc 11, 29-32)
A esta generación no le será dado otro signo que el de Jonás
℣. El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.
✠ Lectura del Santo Evangelio según san Lucas.
℟. Gloria a ti, Señor.
Al ver Jesús que la multitud se apretujaba, comenzó a decir: «Esta es una generación malvada. Pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás. Así como Jonás fue un signo para los ninivitas, también el Hijo del hombre lo será para esta generación.
El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón y aquí hay Alguien que es más que Salomón.
El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás y aquí hay Alguien que es más que Jonás».
El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón y aquí hay Alguien que es más que Salomón.
El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás y aquí hay Alguien que es más que Jonás».
℣. Palabra del Señor.
℟. Gloria a ti, Señor Jesús.
HOMILIA
ORACIÓN DE LOS FIELES
El Santo Padre invita a los fieles a orar:
Hermanos, (en comunión con toda la Iglesia, que hoy quiere conmemorar a san Carlo Acutis, dejándose sorprender por la santidad adolescente que aún hoy se cultiva en el corazón de muchos niños y niñas), invoquemos a Dios Padre Bueno:
℟. Dominum deprecemur. Te rogamus, audi nos.
1. Por nuestro Santo Padre, por todos los obispos, presbíteros, diáconos, religiosos y por todo el pueblo santo de Dios, para que, bajo la protección de la Virgen María, permanezcan firmes en la fe, fieles al Evangelio y perseverantes en la esperanza de la vida eterna, roguemos al Señor. ℟.
2. Por la Santa Madre Iglesia, peregrina en este mundo y llamada a participar un día de la gloria celestial, para que, contemplando en María el cumplimiento de la promesa de Dios, anuncie con renovado ardor a Jesucristo, muerto y resucitado por nuestra salvación, roguemos al Señor. ℟.
3.Por las naciones de la tierra, especialmente por los pueblos que sufren a causa de la guerra, la violencia, la persecución y la injusticia, para que la Santísima Virgen María, Reina de la Paz y Madre de todos los pueblos, interceda ante su Hijo y alcance para ellos el don de la reconciliación, la justicia y la paz verdadera, roguemos al Señor. ℟.
4. Por los enfermos, los pobres, los afligidos, los migrantes, los perseguidos y cuantos viven en la tristeza o en la soledad, para que, sostenidos por la maternal intercesión de la Virgen María, encuentren consuelo en sus sufrimientos, ayuda en sus necesidades y la esperanza que nace de Cristo resucitado, roguemos al Señor. ℟.
5. Por nuestra comunidad, reunida con alegría para celebrar la Solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María, para que, contemplando a aquella que fue elevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo, aprendamos a vivir con los ojos puestos en las realidades eternas y, siguiendo su ejemplo de fe y obediencia, lleguemos también nosotros a la plenitud de la vida junto a Dios, roguemos al Señor. ℟.
En silencio presentamos nuestras intenciones.
El Santo Padre termina la plegaria universal:
Dios todopoderoso y eterno, quien, elevando a los santos a la gloria del cielo, nos ofreces pruebas renovadas de tu amor por nosotros, por su intercesión y ejemplo, concédenos a imitar fielmente a tu Unigénito, que vive y reina por los siglos de los siglos.
℟. Amén.
LITURGIA EUCARÍSTICA
CANTO DE OFERTORIO
El Santo Padre inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. Después el diácono, u otro ministro, inciensa al Santo Padre, a los con-celebrantes y al pueblo.
Después, de pie en el centro del altar, de cara al pueblo, extendiendo y juntando las manos, dice:
En el momento de ofrecer el sacrificio de toda la Iglesia, oremos a Dios, Padre todopoderoso.
℟. El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Luego el Santo Padre, con las manos extendidas, dice la oración sobre las ofrendas:
Acepta, oh, Dios, nuestra ofrenda, y danos una experiencia viva de tu amor, para que, siguiendo el ejemplo de san Carlo Acutis, sirvamos en tu altar con un corazón puro y generoso, a fin de celebrar tu alabanza dignamente y obtener los beneficios de la salvación. Por Cristo, nuestro Señor.
℟. Amén.
PREFACIO DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA I
LA MATERNIDAD DE SANTA MARÍA VIRGEN
℣. El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.
℣. Levantemos el corazón.
℟. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
℣. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
℟. Es justo y necesario.
El Santo Padre prosigue el prefacio, con las manos extendidas:
EN verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque eres glorificado
en la asamblea de los santos,
y, al coronar sus méritos,
coronas tu propios dones.
Tú nos ofreces el ejemplo de su vida,
la ayuda de su intercesión
y la participación en su destino;
para que, animados por tan abundantes testigos,
cubramos sin desfallecer la carrera que nos corresponde
y alcancemos, con ellos,
la corona de gloria que no se marchita,
por Cristo, Señor nuestro.
Por eso,
con los ángeles y los arcángeles
y con la variada asamblea de los santos,
te cantamos el himno de alabanza diciendo sin cesar:
SANTO
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu Gloria.
Hosanna, Hosanna, Hosanna en el Cielo.
Hosanna, Hosanna, Hosanna en el Cielo.
Bendito el que viene en el nombre del Señor.
Hosanna, Hosanna, Hosanna en el Cielo.
Hosanna, Hosanna, Hosanna en el Cielo.
PLEGARIA EUCARÍSTICA I
O CANON ROMANO
El Santo Padre:
Padre misericordioso, te pedimos humildemente por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que aceptes y bendigas + estos dones, este sacrificio santo y puro que te ofrecemos, ante todo, por tu Iglesia santa y católica, para que le concedas la paz, la protejas, la congregues en la unidad y la gobiernes en el mundo entero, conmigo indigno siervo tuyo que has puesto a la cabeza de tu Iglesia, y todos los demás Obispos que, fieles a la verdad, promueven la fe católica y apostólica.
CONCELEBRANTE 1:
Acuérdate, Señor, de tus hijos.
Junta las manos y ora unos momentos por quienes tiene la intención de orar.
Y de todos los aquí reunidos, cuya fe y entrega bien conoces; por ellos y todos los suyos,
por el perdón de sus pecados y la salvación que esperan, te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen, este sacrificio de alabanza, a ti, eterno Dios, vivo y verdadero.
CONCELEBRANTE 2:
Reunidos en comunión con toda la Iglesia, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; la de su esposo, San José;
la de los santos apóstoles y mártires Pedro y Pablo, Andrés, Santiago y Juan, Tomás, Santiago, Felipe, Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo; Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Cornelio, Cipriano, Lorenzo, Crisógono, Juan y Pablo, Cosme y Damián, y la de todos los santos; por sus méritos y oraciones concédenos en todo tu protección.
El Santo Padre continua:
Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus servidores y de toda tu familia santa;
ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos.
El Santo Padre y los concelebrantes extienden las manos sobre las ofrendas, y dice:
Bendice y santifica esta ofrenda, Padre,
haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti,
de manera que se convierta para nosotros en el Cuerpo y la Sangre
de tu Hijo amado, Jesucristo, nuestro Señor.
Él mismo, la víspera de su Pasión,
Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó pan en sus santas y venerables manos, y, elevando los ojos al cielo,
hacia ti, Dios, Padre suyo todopoderoso, dando gracias te bendijo, lo partió, y lo dio a sus discípulos, diciendo:
TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ESTO ES MI CUERPO,
QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.
Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora haciendo genuflexión.
Después prosigue:
Del mismo modo, acabada la cena,
Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó este cáliz glorioso en sus santas y venerables manos,
dando gracias te bendijo, y lo dio a sus discípulos, diciendo:
TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE,
SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA,
QUE SERÁ DERRAMADA
POR USTEDES Y POR MUCHOS
PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.
HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.
Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo genuflexión.
Luego dice:
Éste es el Misterio de nuestra fe, Cristo nos redimió
℟. Cada vez que comemos de este pan
y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.
Después el Santo Padre, con las manos extendidas, dice:
Por eso, Padre, nosotros, tus servidores,
y todo tu pueblo santo, al celebrar este memorial
de la muerte gloriosa de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor; de su santa
resurrección del lugar de los muertos y de su admirable ascensión a los cielos,
te ofrecemos, Dios de gloria y majestad,
de los mismos bienes que nos has dado, el sacrificio puro, inmaculado y santo: pan de vida eterna y cáliz de eterna salvación.
Mira con ojos de bondad esta ofrenda
y acéptala, como aceptaste los dones del justo Abel,
el sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe,
y la oblación pura de tu sumo sacerdote Melquisedec.
El santo padre se inclina un poco y dice:
Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso,
que esta ofrenda sea llevada a tu presencia,
hasta el altar del cielo, por manos de tu ángel, para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, al participar aquí de este altar, seamos colmados de gracia y bendición
CONCELEBRANTE 3:
Acuérdate también, Señor,
de tus hijos, que nos han precedido con el signo de la fe
y duermen ya el sueño de la paz.
Junta las manos y ora unos momentos por los difuntos por quienes tiene intención de orar.
A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo,
concédeles el lugar del consuelo,
de la luz y de la paz.
CONCELEBRANTE 4:
Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos,
que confiamos en tu infinita misericordia,
admítenos en la asamblea de los santos apóstoles y mártires,
Juan el Bautista, Esteban, Matías y Bernabé,
Ignacio, Alejandro, Marcelino y Pedro,
Felicidad y Perpetua, Águeda, Lucía,
Inés, Cecilia, Anastasia, y de todos los santos;
y acéptanos en su compañía,
no por nuestros méritos, sino conforme a tu bondad.
El Santo Padre:
Por Cristo, Señor nuestro.
Por quien sigues creando todos los bienes,
los santificas, los llenas de vida, los bendices
y los repartes entre nosotros.
Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz, los eleva y dice:
Por Cristo, con él y en él,
a ti, Dios Padre omnipotente,
en la unidad del Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria
por los siglos de los siglos.
℟. Amén.
RITO DE COMUNIÓN
Una vez depositados el cáliz y la patena sobre el altar, el Santo Padre, con las manos juntas, dice:
Llenos de alegría por ser hijos de Dios, digamos confiadamente la oración que Cristo nos enseñó:
Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.
Solo el Santo Padre, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
℟. Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
Solo el Santo Padre, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz os dejo, mi paz os doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.
Junta las manos.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
℟. Amén.
El Santo Padre, vuelto hacia el pueblo, extendiendo y juntando las manos, alide:
La paz del Señor esté siempre con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.
Luego, el diácono añade:
Dense fraternalmente la paz.
AGNUS DEI
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
Ten piedad de nosotros. Ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
Ten piedad de nosotros. Ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
Danos la paz, Danos la Paz, danos la paz
El Santo Padre hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena o sobre el cáliz, de cara al pueblo, dice con voz clara:
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
℟. Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.
CANTO DE COMUNIÓN
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Luego, de pie en la sede, el Santo Padre, vuelto hacia el pueblo, con las manos juntas, dice:
Oremos.
Y todos, junto con el Santo Padre, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se hubiera hecho antes. Después el Santo Padre, con las manos extendidas, dice la oración después de la Comunión:
Oh, Dios, Padre nuestro, que el Pan de Vida eterna con que nos alimentaste en la memoria de san Carlo Acutis, nos renueve en la mente y el corazón y conceda a quienes has hecho partícipes de la naturaleza divina, la fuerza para comportarse como verdaderos hijos tuyos. Por Cristo nuestro Señor.
℟. Amén.
RITO DE CONCLUSIÓN
BENDICIÓN
Después tiene lugar la despedida. El Santo Padre, vuelto hacia el pueblo, extendiendo las manos, dice:
El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.
Dios, que en su providencia amorosa quiso salvar al género humano por el fruto bendito del seno de la Virgen María, los colme de sus bendiciones.
℟. Amén.
Que los acompañe siempre la protección de la Virgen, por quien habéis recibido al Autor de la vida.
℟. Amén.
Y a todos vosotros, reunidos hoy para celebrar con devoción esta fiesta de María, el Señor os conceda la alegría del Espíritu y los bienes de su reino.
℟. Amén.
℣. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo ✠ y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros y os acompañe siempre.
℟. Amén.
Luego el diácono vuelto hacia el pueblo, dice:
En el nombre del Señor, podéis ir en paz.
℟. Demos gracias a Dios.
Después el Santo Padre venera el altar con un beso, como al comienzo. Seguidamente, hecha una inclinación profunda con los ministros, se retira.
