CONSTITUCIÓN APOSTÓLICA
"COR HUMILE, LUMEN EVANGELII"
DEL SUMO PONTIFICE
INOCENCIO
POR LA CUAL SE CONCEDE AL TEMPLO DE SAN FRANCISCO EL TÍTULO Y LA DIGNIDAD DE BASÍLICA MENOR
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INNOCENTIVS, EPISCOPUS,
SERVUS SERVORUM DEI
SERVUS SERVORUM DEI
AD PERPETVAM REI MEMORIAM
A todos los hijos que peregrinan en la Amada Arquidiócesis de Guadalupe, gracia, paz y bendición apostólica.
San Francisco de Asís, fiel discípulo de Jesucristo y humilde servidor del Evangelio, ha sido para la Iglesia testimonio de paz, fraternidad y amor a toda la creación, mostrando con su vida el camino de la sencillez, la pobreza evangélica y la entrega generosa al servicio de Dios y de los hermanos.
Considerando con benevolencia pastoral el crecimiento en la fe, la constancia en la celebración digna de la Sagrada Liturgia y la profunda devoción a San Francisco de Asís que se manifiesta en el Templo de San Francisco, situado en el territorio de la Arquidiócesis de Guadalupe, y atendiendo la petición presentada por su Ordinario, Nos, en virtud de nuestra autoridad apostólica, deseamos honrar dicho templo con un título que manifieste de modo visible su especial importancia dentro de la vida de la Iglesia y su vínculo de comunión con la Sede de Pedro.
La dignidad de Basílica Menor no constituye un mero honor externo, sino el reconocimiento de un templo que, por su vida litúrgica, su importancia pastoral y la devoción que en él se manifiesta, está llamado a ser signo de comunión con la Iglesia universal. Por ello, corresponde a la Sede Apostólica conceder esta dignidad a aquellos templos que, por sus circunstancias particulares y su importancia espiritual, sean considerados dignos de ella.
Por tanto, después de madura reflexión y oído el parecer de quienes corresponde,
DECRETAMOS Y ESTABLECEMOS:
- Que el Templo de San Francisco, situado en el territorio de la Arquidiócesis de Guadalupe, sea elevado a la dignidad de Basílica Menor, con todos los derechos, honores y privilegios litúrgicos y espirituales que le son propios según las normas vigentes.
- Que en dicha Basílica se promueva con especial solemnidad la celebración de las fiestas de San Francisco de Asís, así como aquellas celebraciones que manifiesten la comunión con el Romano Pontífice y con la Iglesia universal.
- Que se fomente en esta Basílica la digna celebración de la Sagrada Liturgia, la formación cristiana, la oración y el testimonio de la caridad, procurando que todos quienes se acerquen a este templo encuentren en él un lugar de encuentro con Cristo y de vivencia auténtica del Evangelio, siguiendo el ejemplo de San Francisco de Asís.
- Que se observen fielmente las normas establecidas por la Sede Apostólica respecto a las Basílicas Menores, así como las disposiciones litúrgicas y canónicas que correspondan.
Exhortamos al Ordinario de la Arquidiócesis de Guadalupe, al clero y a cuantos sirven en esta Basílica a custodiar con fidelidad la dignidad recibida, procurando que este reconocimiento no sea solamente motivo de honor, sino también un llamado renovado al servicio de Dios, a la celebración digna de los santos misterios y a la comunión con toda la Iglesia.
Confiamos esta nueva Basílica a la intercesión de San Francisco de Asís, para que, siguiendo su ejemplo de humildad, pobreza evangélica, paz y fraternidad, permanezca como signo de comunión y conduzca siempre a todos hacia Jesucristo, único Salvador y fundamento de nuestra fe.
"Señor, haz de mí un instrumento de tu paz".
Todo cuanto aquí hemos dispuesto queremos que tenga plena y estable validez ahora y en el futuro, no obstante cualquier disposición contraria.
Dado en Roma, junto a la tumba de San Pedro, el día 29 de septiembre del año del Señor Dos Mil Veintiséis, durante el primer año de Nuestro Pontificado.