Prot. N.° DC-028/2026
La formaciรณn del discรญpulo comienza cuando aprende a escuchar la voz del Seรฑor y culmina cuando toda su vida anuncia a Cristo con fidelidad y amor.
Queridos hermanos en el Evangelio de segรบn San Lucas (Lc 5, 1-11); Jesรบs se encontraba a la orilla del lago enseรฑando a la multitud cuando vio dos barcas. Los pescadores habรญan desembarcado y lavaban sus redes tras una jornada infructuosa. Jesรบs subiรณ a la barca de Simรณn, le pidiรณ que la alejara un poco de la tierra para enseรฑar desde allรญ y, al terminar, le dijo a Simรณn: «Rema mar adentro y echen sus redes para pescar».
Jesรบs no busca a Pedro en un templo ni en un momento de รฉxtasis espiritual, sino en su lugar de trabajo, rodeado de redes vacรญas y tras una noche de cansancio y frustraciรณn. La vocaciรณn no exige condiciones ideales ni momentos perfectos. A menudo, Dios se presenta precisamente en nuestras rutinas, en nuestros fracasos profesionales o en esos momentos donde sentimos que «hemos trabajado toda la noche sin pescar nada.
Jesรบs le pide a un pescador experimentado que vuelva a intentar lo que acaba de fallar, pero con una diferencia: esta vez bajo su indicaciรณn, la vocaciรณn exige salir de la orilla de la comodidad y de la falsa seguridad. Salir a aguas profundas significa arriesgarse, vencer el desencanto y confiar en una palabra superior a nuestra propia experiencia o lรณgica humana. Al presenciar la abundancia de la pesca, Pedro no se envanece; al contrario, reconoce la grandeza divina y se descubre frรกgil e imperfecto.
Su primera reacciรณn es pedirle a Jesรบs que se aleje por no sentirse digno. Sentirse indigno o insuficiente es una reacciรณn natural ante un propรณsito grande. La vocaciรณn no se basa en nuestra perfecciรณn previa, sino en la capacidad de reconocer nuestras limitaciones para dejar que sea la gracia la que actรบe, Jesรบs no destruye la identidad de Pedro; la transforma. El oficio de pescar peces se eleva a la misiรณn de «pescar hombres», es decir, rescatar y dignificar vidas. Pedro no deja de ser quien es, sino que su talento adquiere un propรณsito infinitamente mayor.
Es asรญ queridos hermanos que la vocaciรณn de Pedro nos enseรฑa que el llamado divino es un proceso gradual: comienza con un gesto sencillo (prestar la barca), continรบa con un acto de confianza (echar las redes de nuevo) y culmina en una entrega total (dejarlo todo para seguirle). Descubrir la propia vocaciรณn consiste en permitir que Jesรบs suba a nuestra barca cotidiana y nos impulse a navegar hacia lo profundo.
+ Emmo Sr. Card. Antonio Esteban.
Dicasterio para el Clero, Ciudad del Vaticano 26 de septiembre del 2026.