Prot. N.° DC-008/2026
La formaciรณn del discรญpulo comienza cuando aprende a escuchar la voz del Seรฑor y culmina cuando toda su vida anuncia a Cristo con fidelidad y amor.
Queridos hermanos, si contemplamos con atenciรณn la figura de san Juan Bautista, descubrimos que su vida fue una verdadera escuela de formaciรณn espiritual. Antes de predicar, aprendiรณ a escuchar a Dios. Antes de seรฑalar al Mesรญas, permitiรณ que el Seรฑor preparara su corazรณn. Antes de hablar con valentรญa, pasรณ largos aรฑos en el silencio del desierto. Esto nos enseรฑa que nadie puede anunciar autรฉnticamente el Evangelio si primero no se deja evangelizar por Cristo.
Hoy la Iglesia sigue necesitando hombres y mujeres que se dejen formar por el Seรฑor. De manera especial, necesita sacerdotes segรบn el corazรณn de Cristo, pastores que no busquen el poder ni el reconocimiento, sino el servicio humilde al Pueblo de Dios. La formaciรณn del clero diocesano es una de las tareas mรกs importantes de la Iglesia, porque de ella depende, en gran parte, que las comunidades reciban una enseรฑanza sรณlida, una guรญa segura y un testimonio coherente de vida cristiana.
Cuando un joven responde al llamado de Dios y entra al seminario, comienza un camino exigente, pero profundamente hermoso. No se trata รบnicamente de estudiar filosofรญa o teologรญa; se trata de aprender a configurarse con Cristo. Cada momento de oraciรณn, cada clase, cada experiencia pastoral y cada celebraciรณn de la Eucaristรญa van moldeando su corazรณn para que, un dรญa, pueda servir con fidelidad a la Iglesia.
La formaciรณn sacerdotal tambiรฉn enseรฑa a vivir la obediencia, la humildad y la caridad. Un sacerdote no estรก llamado a anunciar sus propias opiniones, sino la Palabra de Dios; no estรก llamado a buscar su propia gloria, sino la gloria de Cristo; no estรก llamado a dividir, sino a construir la comuniรณn entre todos los miembros del Pueblo de Dios.
Por eso es tan importante que nuestras comunidades recen constantemente por sus sacerdotes. Muchas veces vemos el fruto de su ministerio, pero no conocemos los sacrificios, las preocupaciones y las luchas que viven cada dรญa. Ellos acompaรฑan a los enfermos, consuelan a las familias en el dolor, celebran los sacramentos, enseรฑan la fe, escuchan confesiones y permanecen disponibles para servir al pueblo que Dios les ha confiado.
Asรญ como Juan Bautista preparรณ el camino para la llegada del Seรฑor, tambiรฉn los sacerdotes preparan nuestros corazones para encontrarnos con Cristo. Cada vez que celebran la Santa Misa, administran el sacramento de la Reconciliaciรณn, bautizan a un niรฑo o acompaรฑan a un enfermo, estรกn haciendo presente el amor de Dios entre nosotros.
Sin embargo, la misiรณn evangelizadora no termina en los sacerdotes. Todos los bautizados somos enviados por Cristo a anunciar la Buena Nueva. El Evangelio no puede quedarse รบnicamente dentro del templo; debe llegar a nuestras familias, a nuestros trabajos, a nuestras escuelas y a todos los ambientes donde vivimos. La mejor manera de evangelizar comienza con el testimonio. Una palabra puede convencer por un momento, pero una vida santa puede transformar un corazรณn para siempre.
Llevar el Evangelio con amor significa aprender a mirar a cada persona con los ojos de Cristo. Significa acercarnos al que sufre sin juzgarlo, escuchar al que necesita ser escuchado, acompaรฑar al que se siente solo y ofrecer esperanza al que ha perdido el sentido de la vida. Evangelizar no consiste รบnicamente en enseรฑar; consiste tambiรฉn en amar, servir y caminar junto a los demรกs.
Jesรบs nunca rechazรณ al pecador que buscaba convertirse. Se acercรณ a los pobres, a los enfermos, a los olvidados y a quienes eran despreciados por la sociedad. Ese mismo estilo debe caracterizar nuestras comunidades cristianas. Cada parroquia, cada grupo apostรณlico y cada familia deben ser un lugar donde cualquier persona pueda experimentar la misericordia de Dios.
Tambiรฉn nosotros debemos preguntarnos: ¿cรณmo estoy anunciando el Evangelio? ¿Con mis palabras solamente o tambiรฉn con mi vida? ¿Soy un motivo para que otros se acerquen a Cristo o, por el contrario, mis actitudes los alejan de รl? Estas preguntas nos ayudan a revisar nuestro compromiso como discรญpulos misioneros.
En lo personal, doy gracias a Dios por la formaciรณn que he recibido del clero diocesano. A travรฉs de tantos sacerdotes he aprendido que el Evangelio no se anuncia desde la superioridad, sino desde la humildad; no desde la dureza, sino desde la caridad; no buscando aplausos, sino procurando que Cristo sea conocido y amado. Sus enseรฑanzas me han ayudado a comprender que la misiรณn de la Iglesia consiste en acercar a todos al Seรฑor con paciencia, respeto y misericordia.
Cada consejo recibido, cada homilรญa escuchada y cada ejemplo de entrega sacerdotal han fortalecido mi deseo de servir mejor a Dios y a su Iglesia. He comprendido que evangelizar es dejar que Cristo hable a travรฉs de nuestras palabras y actรบe mediante nuestras obras. Cuando anunciamos el Evangelio con un corazรณn lleno de amor, las personas no solamente escuchan un mensaje, sino que experimentan la cercanรญa del mismo Cristo.
Pidamos hoy al Seรฑor que nunca falten sacerdotes santos en nuestras diรณcesis; que los seminarios sean verdaderas escuelas de santidad y de servicio; que los formadores acompaรฑen con sabidurรญa a quienes se preparan para el ministerio; y que nuestras comunidades sepan valorar, apoyar y orar por quienes han entregado su vida al servicio del Evangelio.
Que san Juan Bautista interceda por todos nosotros para que jamรกs tengamos miedo de anunciar la verdad, pero que siempre lo hagamos con la caridad de Cristo. Que aprendamos a vivir una fe autรฉntica, a servir con alegrรญa y a construir comunidades donde reine la unidad, el perdรณn, la esperanza y el amor.
Que Marรญa Santรญsima, Madre de la Iglesia y Reina de los Apรณstoles, nos enseรฑe a guardar la Palabra de Dios en el corazรณn y a llevarla con humildad a nuestros hermanos. Que ella acompaรฑe especialmente a nuestros sacerdotes, seminaristas y formadores, para que, siguiendo el ejemplo de san Juan Bautista, conduzcan siempre al Pueblo de Dios hacia Jesucristo, รบnico Salvador del mundo. Amรฉn.
+ Rev. Pbro. Pedro รngel Ortiz Rosas
Dicasterio para el Clero,
Ciudad del Vaticano 01 de agosto del 2026.