MENSAJE MES DEL CORAZÓN DE JESÚS
Al iniciar el mes dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, elevamos nuestra mirada hacia aquel Corazón traspasado del que brotaron sangre y agua, signos de los sacramentos y del amor infinito con que Cristo ha amado a la humanidad.
La devoción al Corazón de Jesús nos recuerda que Dios no es indiferente a nuestras alegrías, sufrimientos y esperanzas. En el Corazón del Redentor encontramos refugio seguro, consuelo en las tribulaciones y fortaleza para perseverar en la fe. Allí descubrimos el amor que perdona, sana y llama constantemente a la conversión.
La Sagrada Escritura nos dice: “Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré; aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón.” (Mt 11, 28-29)
Estas palabras resuenan con especial fuerza en nuestro tiempo, cuando tantas personas buscan paz para sus corazones. El Corazón de Jesús permanece abierto para todos, invitándonos a acercarnos con confianza y a dejarnos transformar por su misericordia.
Por ello, exhorto a todas las sedes catedralicias, parroquias, rectorías y santuarios de cada diócesis de nuestra comunidad a dedicar durante este mes un lugar especial de honor al Sagrado Corazón de Jesús, levantando un altar o espacio de veneración que permita a los fieles expresar su amor, elevar sus oraciones y renovar su consagración personal y comunitaria al Corazón del Salvador.
Que estos altares sean signos visibles de nuestra fe y centros de oración donde se promueva la adoración, el rezo del Santo Rosario y el Sacrificio Eucarístico del Señor.
Invito también a los sacerdotes, diáconos, religiosos a profundizar en esta espiritualidad que nos conduce al centro mismo del Evangelio: el amor de Cristo por todos los hombres.
Encomendamos este mes a la intercesión de la Santísima Virgen María, que guardó en su corazón los misterios de su Hijo y nos conduce siempre hacia Él.
Que el Sagrado
Corazón de Jesús reine en nuestras parroquias, en
nuestras diócesis y en el mundo entero.
Dado en Roma, junto a la tumba del Apóstol Pedro, al primer (1) día del mes de Junio del Año Santo dos mil veintiséis (2026), segundo de Nuestro pontificado.
PONTIFEX MAXIMUS
