PIVS, EPISCOPVS,
SERVVS SERVORVM DEI
AD PERPETVAM REI MEMORIAM
A los amados hijos Adrián Aldana y Luis Rhea,
electos cardenales de la Santa Iglesia Romana, salud y bendición apostólica
La
providencia divina, que rige con sabiduría los destinos de la Iglesia, no cesa
de suscitar en medio del Pueblo de Dios pastores fieles, adornados de virtudes,
prudencia y celo apostólico, para cooperar más estrechamente con el Sucesor de
Pedro en el cuidado de todas las Iglesias.
En
efecto, el ministerio del Romano Pontífice, por voluntad de Cristo Señor, se ve
fortalecido por la colaboración del Colegio Cardenalicio, cuyos miembros,
elegidos de entre los más dignos, participan de modo singular en la solicitud
por la Iglesia universal y prestan su consejo en las materias de mayor
gravedad.
Por tanto, Nos, tras madura
deliberación y habiendo implorado con fervor la luz del Espíritu Santo, en
virtud de la plenitud de nuestra autoridad apostólica,
PROCLAMAMOS Cardenales de la Santa Iglesia Romana,
a ti, venerable hermano:
- S. Ex. Mons. Adrián Aldana, adscribiéndote al orden de los Presbíteros y asignándote el título de Santa Teresa de Ávila.
y a ti, venerable hermano:
- S. Ex. Mons. Luis Rhea, adscribiéndote al orden de los Obispos y asignándote el título de Obispo de Albano.
- Así mismo, a ti venerable hijo, queriendo proveer al bien de la Iglesia universal y reconociendo en ti singulares dotes de prudencia, fidelidad y probada experiencia en el servicio de la Sede Apostólica, te NOMBRAMOS SECRETARIO DE ESTADO DE LA SANTA SEDE, confiriéndote todas las facultades, derechos y obligaciones inherentes a tan alto oficio, conforme a las normas del derecho canónico y a las disposiciones vigentes de la Curia Romana.
Les confiamos esta dignidad no como honor humano, sino como carga de servicio, para
que, unidos más estrechamente a esta Sede Apostólica, cooperen con Nos en el
gobierno de la Iglesia universal, defendiendo la fe católica, promoviendo la
unidad y procurando siempre la salvación de las almas.
Recuerden que han sido llamados a dar testimonio hasta el derramamiento de la sangre, si
fuera necesario, significando así su plena adhesión a Cristo y a su Iglesia.
Exhortamos, pues, a que ejerzan este ministerio con humildad, caridad y firmeza, siendo ejemplo para el rebaño
y colaboradores fieles del Sucesor de Pedro, para que el Pueblo de Dios crezca en
santidad y verdad.
Y a todos los fieles, les invitamos a acoger con
alegría este nombramiento y a sostener con su oración a los nuevos Cardenales, para
que sean dignos de la misión que les ha sido confiada.
Dado en Roma, junto a la tumba del Apóstol Pedro, a los seis (6) días del mes de Mayo del Año Santo dos mil veintiséis (2026), segundo de Nuestro pontificado.
PONTIFEX MAXIMUS
