06 diciembre 2025

Comunicado | Dicasterio para el Clero

      

A los que lean esto, gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre, y de Jesús, nuestro Señor.

En días recientes han surgido inquietudes entre algunos fieles a causa de mensajes y expresiones que han provocado confusión respecto a la unidad y la correcta disposición eclesial. Por ello, se considera oportuno emitir la presente comunicación para clarificar la postura oficial y salvaguardar la comunión que la Iglesia custodia con celo.

Como es sabido, la unidad del Pueblo de Dios constituye un bien precioso que la Iglesia está llamada a proteger. Por tal razón, cualquier intento de promover divisiones, suscitar facciones, o atribuirse una autoridad que no ha sido conferida por legítima misión canónica, resulta contrario al orden eclesial establecido.

La Sagrada Escritura enseña con firmeza: “Os ruego, hermanos, que eviten a los que provocan divisiones y escándalos en contra de la doctrina que aprendieron; apartaos de ellos.” (Romanos 16,17)

A la luz de ciertos mensajes compartidos en días pasados, que aluden a la decisión personal de continuar o no en la comunidad, corresponde a esta autoridad expresar lo siguiente:

La Iglesia reconoce la libertad de cada persona. Quien, con rectitud y buena voluntad, desea permanecer en comunión, será acogido con la caridad propia de la casa de Dios. Quien decida apartarse, lo hace ejerciendo su libertad. No obstante, se subraya que esta libertad no otorga legitimidad a acciones que pongan en riesgo la unidad, ni que fomenten el desorden o busquen influir sobre los miembros mediante confusión o presiones indebidas.

Toda iniciativa que contradiga la comunión eclesial carece de validez y reconocimiento. La autoridad auténtica se ejerce únicamente conforme a las normas de la Iglesia, y no mediante proclamaciones personales o estructuras que no proceden del orden legítimamente establecido.

Se exhorta, por lo tanto, a todos los fieles a mantener la prudencia, evitar controversias innecesarias y obrar siempre en caridad, contribuyendo así a la edificación de la unidad que nos ha sido confiada. Que la intercesión de la Santísima Virgen María fortalezca nuestra fidelidad y nos conduzca siempre por caminos de auténtica comunión.

Dado en Roma, en la Ciudad del Vaticano, a los seis días del mes de diciembre del año del Señor dos mil veinticinco, año de la esperanza.

 


 Mons. Uriel, Card. García
Prefecto del Dicasterio para el Clero