12 agosto 2024

Convocación - Concilio Paulino

 CONSTITUCIÓN APOSTOLICA
"IN VERBO ET OPERE"
DEL SUMO PONTIFICE
BENEDICTO
PARA LA CONVOCACIÓN
DEL CONCILIO PAULINO


BENEDICTVS, EPISCOPVS,
SERVVS SERVORVM DEI


AD PERPETVAM REI MEMORIAM

A los venerables hermanos cardenales, obispos, presbíteros, diáconos y a todos los hermanos que se encuentran bajo nuestra jurisdicción en este entorno digital, les saludo con gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre.

PRÓLOGO

1. Cristo, nuestro Señor, antes de ascender a la gloria, confirió a sus discípulos la noble tarea de evangelizar a toda la humanidad, llevando su mensaje a los cuatro rincones de la tierra. Esta misión se afianza en los corazones de los apóstoles, quienes, impulsados por la promesa reconfortante de Cristo, saben que “estará con nosotros hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20).

2. La consoladora y renovadora promesa de Cristo resuena en nuestros corazones y en la vida de la Santa Iglesia de manera vibrante y activa. Especialmente en tiempos de dificultades y turbulencias, donde Cristo se manifiesta en su Gloria, asegurando el triunfo final de la Santa Iglesia en todas sus batallas. Este triunfo constante es una confirmación de la institución de la Santa Iglesia, que, como nos recuerda Cristo, “las puertas del infierno no prevalecerán contra Ella” (Mt 16, 18).

ANÁLISIS ACTUAL

3. A lo largo de la historia, la Comunidad ha sido testigo de numerosas crisis provocadas por divisiones, impulsadas por personalidades egocéntricas que se presentan como portadores de la verdad y maestros de la Iglesia, bajo la falsa pretensión de corregir errores. Estos individuos, insatisfechos con permanecer en las tinieblas, arrastran consigo a otros, sumiéndolos en la misma confusión. Esta dinámica desvía a la Iglesia de su auténtica misión y de su esencia eclesiástica de fraternidad, la cual se basa en las experiencias de las primeras comunidades cristianas: “Estaban unidos y tenían todo en común” (Hch 2, 44).

4. En la Comunidad Cristiana, surgen repetidamente dudas e inquietudes que no pueden ser ignoradas ni suprimidas. Estas dudas pueden perturbar la misión que Cristo nos confía, lo que, a su vez, puede dar lugar a una negligencia en abordar estas cuestiones fundamentales. La Iglesia demanda respuestas sólidas y razones claras que fortalezcan nuestra fe y nuestra labor.

5. Mi predecesor, durante su pontificado, convocó el Concilio de Compostela con el propósito de revisar diversos aspectos de la Iglesia. Sin embargo, tras una única asamblea en la que no se abordó ningún tema de relevancia, el proyecto fue finalmente abandonado. Por esta razón, en las semanas recientes, he tomado la decisión de disolver este Concilio.

RAZONES

6. Estos análisis despiertan en nuestros corazones un profundo sentido de responsabilidad. Los pastores negligentes se limitan a observar las dificultades que enfrenta la Iglesia, sin sentir la iniciativa de guiar a las ovejas por el sendero de la Verdad, actuando como asalariados que, al ver venir al lobo, optan por huir (Jn 10:12). Su interés no reside en el bienestar de las ovejas, sino en sus propias ganancias (Jn 10:13). En contraste, nosotros elegimos seguir el ejemplo de Jesús, el Buen Pastor (Jn 10:11), y reafirmar en la Iglesia la plena confianza en el Salvador de la humanidad.

7. En nuestro interior se enciende un espíritu misionero que nos invita a redescubrir de manera efectiva la verdadera misión de la Iglesia en Minecraft como un medio de evangelización. Debemos recordar siempre que la Iglesia es la luz del mundo; una ciudad construida en la cima de una montaña no puede ocultarse (Mt 5:14).

8. San Pablo nos interroga: ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Cómo creerán en aquel a quien no han oído? ¿Cómo oirán sin que se les predique? Y, ¿cómo predicarán si no son enviados? Tal como dice la Escritura: ¡Cuán hermosos son los pies de aquellos que anuncian el bien! (Rm 10:13-15). La relevancia de estas palabras nos convoca a ser los heraldos del bien, incluso hacia quienes nos aborrecen y persiguen, llevando siempre con nosotros la auténtica misión de la Iglesia.

9. Con el conocimiento, la justicia y la búsqueda incansable de la fraternidad, asumimos la verdadera misión de esta Iglesia Minecraftiana como un medio evangelizador del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Nos llena de esperanza la certeza de que los nuevos tiempos para nuestra Iglesia serán enormemente fructíferos y sinceros. La victoria de Cristo sobre aquellos que intentaron ocupar y distorsionar su Iglesia ha fortalecido la fe de la gente en las promesas aún por cumplirse, recordándonos que “hay un tiempo para todo bajo el cielo” (Ec 3:1).

ACTUALIDAD ECLESIAL

10. Al dirigir nuestra mirada hacia la Iglesia, es evidente que no ha permanecido como una espectadora pasiva ante los acontecimientos que han impactado su camino. Al contrario, ha acompañado, paso a paso, la evolución y transformación de la sociedad. La Iglesia se ha opuesto firmemente a las ideologías materialistas que niegan la fe, y de su interior han surgido grandes energías dedicadas al apostolado, la oración y la acción en todas las esferas de la vida. En un primer momento, estas fuerzas fueron desatadas por el clero en el apogeo de su misión, manifestándose a través de la doctrina y la virtud. Posteriormente, una parte cada vez más consciente de los fieles laicos ha asumido un papel activo, reconociendo sus responsabilidades dentro de la Iglesia y, en particular, su deber de colaborar con la jerarquía eclesiástica.

CONCILIO PAULINO

11. Ante la situación que enfrenta la Iglesia en Minecraft hoy, y desde nuestra ascensión al trono apostólico, aunque me considere un servidor indigno, siento la urgente responsabilidad de convocar a nuestros hermanos para que, de manera eficaz, la Iglesia aborde los problemas mencionados anteriormente. Por lo tanto, aceptando la voz que resuena en nuestros corazones como una orientación divina, deseamos otorgarle a la Iglesia el don de un encuentro universal. Este encuentro, bajo la protección de San Pablo apóstol, será verdaderamente valioso para la Iglesia en Minecraft.

12. Afortunadamente, este próximo Concilio se presenta en un momento propicio, en el que la Iglesia es más consciente de su deseo de fortalecer su fe y reflejar su maravillosa unidad. Se trata de encontrar formas de santificar a sus miembros, difundir la verdad evangélica y establecer una estructura que no desfallezca. Esta es una expresión de la Iglesia, viva y joven, adornada con una nueva luz resplandeciente, que, con sus victorias sobre el mal, se mantiene siempre fiel a Cristo, quien la ama y la protege.

13. Por ello, en medio de la creciente generosidad y los esfuerzos de algunos hermanos y los nuestros, exhorto a todo el Colegio de los Obispos y a todos los fieles a no permanecer estáticos ante este capítulo de gran magnitud que nos concierne a todos. La Iglesia está cansada de negligencias y demanda, a través de cada uno de nosotros, una verdadera esencia acorde con el mandato del Señor que nos ha encomendado. Como nos recuerda San Francisco de Sales, «el verdadero espíritu de la Iglesia es el amor, y su misión es difundir ese amor a través de la caridad y la paz».

14. El cántico de alabanza de la Bienaventurada Virgen María, que dice: «derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes» (Lc 1:52), sigue ardiendo en nuestros corazones e impulsa en nosotros el deseo de apartar de entre nosotros a aquellos que se enaltecen ante la familia cristiana, acción que corrompe la dignidad de ser hijos de Dios y turba a la Iglesia. La Santa Madre Iglesia nos llama a preservar esta dignidad y a mantener entre nosotros intenciones saludables; «Todos los fieles deben esforzarse, según su propia condición, por llevar una vida santa, así como por incrementar la Iglesia y promover su continua santificación» (Cann 210).

15. Desde sus inicios, nuestra comunidad ha estado llamada a fomentar la vocación cristiana y a llevar la invitación al mundo a ser hijos de Dios. La Iglesia lo avala con el derecho de los fieles a «fundar y dirigir libremente asociaciones para fines de caridad o piedad, o para fomentar la vocación cristiana en el mundo; y también a reunirse para procurar en común esos mismos fines» (Cann 215). Como Comunidad, debemos «observar siempre la comunión con la Iglesia» (Cann 209, §1) sin buscar distorsionar su magisterio ni su doctrina.

CONVOCATORIA

16. Al reflexionar sobre el recorrido que hemos transitado, reconocemos el arduo camino que ha llevado a nuestra Iglesia en Minecraft a alcanzar un nivel de madurez cada vez mayor. Hoy, nos embarcamos en la misión de continuar este viaje con renovada fuerza. En nuestros corazones resuena un himno de acción de gracias, implorando al Señor su generosa asistencia para que todo se desarrolle de manera fluida y armoniosa.

17. Antes de tomar una decisión sobre un evento de tal magnitud como un Concilio, hemos considerado esencial escuchar y valorar la sabia perspectiva del Dicasterio para los Obispos y del Colegio de los Cardenales. Conforme a su voluntad, han otorgado su aprobación, reconociendo la valiosa contribución que este futuro Concilio traerá.

18. Por tanto, tras haber recibido el consejo de nuestros venerables hermanos Obispos, y teniendo presente que «la potestad del Colegio de los Obispos sobre toda la Iglesia se ejerce de modo solemne en el Concilio Ecuménico» (Cann 337, §1), y con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, y la nuestra, anunciamos, declaramos y convocamos solemnemente, para el próximo mes de septiembre, la celebración del Concilio Ecuménico Paulino, en la conmemoración del segundo aniversario de la erección de nuestra Comunidad, que tendrá lugar en la Basílica Papal de San Pablo Extramuros, cuyas fechas y horarios serán comunicados oportunamente.

19. Así, deseamos y ordenamos que nuestros hermanos Obispos y Cardenales, ya sean prelados, ordinarios, auxiliares o solo titulares, acudan de todas partes, tal como lo prescribe la Iglesia: «todos los Obispos que sean miembros del Colegio Episcopal, y solo ellos, tienen el derecho y el deber de asistir al Concilio Ecuménico con voto deliberativo» (Cann. 339, §1), así como todos aquellos que tengan el derecho y deber de participar en el Concilio, o que simplemente estén llamados a asistir, junto a quienes convocaremos en los próximos días.

20. Desde lo más profundo de nuestro corazón, anhelamos que este inicio no se convierta en un mero ejercicio de palabras, como ha ocurrido en ocasiones previas entre el Colegio de los Obispos. Con la ayuda divina, deseamos avanzar en este camino de fraternidad y alcanzar un desenlace positivo y fructífero para la Iglesia. Queremos recordar públicamente que, «por determinación divina, San Pedro y los demás Apóstoles constituyen un Colegio; de igual modo, el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, y los Obispos, sucesores de los Apóstoles, están unidos entre sí» (Cann. 330).

LLAMADO A LA ORACIÓN 

21. Queridos hermanos y hermanas en Cristo, en este tiempo, les exhortamos a elevar sus voces en oración ferviente en favor del Concilio que celebraremos. La Palabra de Dios nos recuerda: "Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada" (St 1:5). Que el Espíritu Santo ilumine los corazones de todos los participantes, para que, guiados por la sabiduría que proviene de Dios, puedan discernir la voluntad de Dios para su Iglesia.


22. Es esencial que, como comunidad de creyentes, unamos nuestras oraciones en busca de la unidad que Cristo deseó para su Cuerpo, la Iglesia. En el Evangelio, Jesús ora al Padre: "Que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros" (Jn 17:21). Oremos para que este Concilio sea un medio eficaz para la reconciliación y el fortalecimiento de los lazos de amor fraternal, superando divisiones y promoviendo la comunión entre todos los fieles, para que el mundo crea en el Mensaje de Salvación.

23. Queridos presbíteros y diáconos, les llamamos a dedicar este tiempo del Concilio a la oración profunda y al discernimiento pastoral. San Pablo nos instruye: "No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento" (Rm 12:2).

24. Es su deber interceder por aquellos que han sido confiados a su cuidado. "El buen pastor da su vida por las ovejas" (Jn 10:11), y en este sentido, su servicio debe ser un reflejo del amor sacrificial de Cristo. Oren con fervor por cada uno de los Obispos, para que su voz sea escuchada y su espíritu se sienta fortalecido en la fe. Que cada decisión que surja de este Concilio tenga como objetivo el bienestar de la comunidad y la gloria de Dios.

25. Finalmente, invito a todos a orar por el futuro de la Iglesia, a medida que nos embarcamos en este importante concilio. "Porque yo sé los planes que tengo para vosotros, dice el Señor, planes de paz y no de mal, para daros un futuro y una esperanza" (Jr 29:11). Que cada deliberación se guíe por la búsqueda del bien común y la renovación espiritual, de modo que la misión de la Iglesia se fortalezca y se expanda, llevando el mensaje del Evangelio a todos los rincones del mundo.

Dado y emitido en la Ciudad Apostólica de Roma, junto al Beato Apóstol Pedro, a los quince días del mes de agosto, Solemnidad de la Asunción de la Virgen María, del año del Señor de dos mil veinticuatro, primero de nuestro pontificado.

 Benedictus Pp
Pontifex Maximvs

Et ego,

 Mons. Nicolás, Card. Quintero
                Subsecretario de Estado