BENEDICTVS, EPISCOPVS,
SERVVS SERVORVM DEI
AD PERPETVAM REI MEMORIAM
Queridos hermanos en el episcopado y en la fe
1. Es con gran alegría y profundo sentido de responsabilidad que me dirijo a ustedes en esta ocasión tan significativa para nuestra Iglesia. Al contemplar la inminente celebración del Concilio Ecuménico Paulino, confío en que, bajo la guía del Espíritu Santo, seremos capaces de discernir juntos los caminos por los cuales nuestra amada Iglesia debe continuar proclamando el Evangelio en estos tiempos desafiantes. Les invito a acoger este evento con espíritu de comunión, oración y entrega, para que nuestras deliberaciones sean verdaderamente fructíferas y orientadas al bien común de todo el Pueblo de Dios.
I. INTRODUCCIÓN
2. La Iglesia Católica, como cuerpo místico de Cristo, tiene una estructura jerárquica fundamentada en la sucesión apostólica, donde los obispos, como sucesores de los Apóstoles, tienen un papel esencial en la custodia y transmisión de la fe. Este papel se ve claramente reflejado en la participación de los obispos en los concilios ecuménicos, momentos de especial relevancia para la vida de la Iglesia. A lo largo de la historia, los concilios ecuménicos han sido convocados para resolver crisis doctrinales, disciplinarias y pastorales, siempre con la intención de preservar la unidad de la fe y fortalecer la misión evangelizadora de la Iglesia.
3. Como se afirma en la bula de convocatoria del Concilio Ecuménico Paulino, “la potestad del Colegio de los Obispos sobre toda la Iglesia se ejerce de modo solemne en el Concilio Ecuménico” (cf. Cann 337, §1), subrayando la solemnidad y seriedad de la tarea que recae sobre los obispos convocados. Recordamos la enseñanza de San Pío X, quien en su encíclica Pascendi Dominici Gregis instó a los pastores de la Iglesia a preservar la pureza de la doctrina frente a las corrupciones y desviaciones doctrinales.
II. LA FUNCIÓN DE LOS OBISPOS EN LOS CONCILIOS
El papel de los obispos según la tradición conciliar
4. Desde los primeros concilios de la Iglesia, como el Concilio de Jerusalén mencionado en los Hechos de los Apóstoles (Hch 15), los obispos han sido llamados a discernir en comunión la voluntad de Dios para la Iglesia. Este papel ha sido crucial para mantener la pureza doctrinal y la unidad de la Iglesia en momentos de grandes desafíos. A lo largo de los siglos, los concilios ecuménicos han sido convocados para abordar y resolver cuestiones que amenazaban con dividir a la Iglesia o desviar a los fieles de la verdadera fe.
5. San Cipriano de Cartago enseñó que “la Iglesia es el pueblo unido a su obispo, y el obispo está en la Iglesia, y la Iglesia en el obispo; y si alguno no está con el obispo, no está en la Iglesia” (Epístola LXVI). Esta profunda unidad, tanto visible como espiritual, se manifiesta de manera especial en la participación de los obispos en los concilios ecuménicos. Allí, bajo la guía del Espíritu Santo, los obispos se reúnen para discernir y proclamar la fe de la Iglesia en comunión con el Romano Pontífice, asegurando así que la enseñanza y la disciplina eclesial sean preservadas y aplicadas de manera adecuada.
El magisterio episcopal en los concilios
6. La función magisterial de los obispos en los concilios ecuménicos es una extensión de su misión habitual como pastores y maestros de la fe. Según el Concilio Vaticano II, en la Constitución Dogmática Lumen Gentium, “los Obispos, en cuanto sucesores de los Apóstoles, reciben del Señor, al que se les ha confiado el gobierno de la Iglesia, la misión de enseñar a todas las naciones y de predicar el Evangelio a toda criatura” (Lumen Gentium, 25). Este mandato se realiza de manera solemne y colegiada en un concilio ecuménico, donde los obispos, junto con el Papa, definen y clarifican aspectos de la fe y la moral, respondiendo a las necesidades de la Iglesia en su tiempo.
7. Históricamente, los concilios han sido momentos de proclamación de dogmas, como la declaración de la divinidad de Cristo en el Concilio de Nicea (325) o la definición de la Inmaculada Concepción en el Concilio de Trento (1545-1563). Además de su rol doctrinal, los concilios también han abordado cuestiones disciplinarias y pastorales, como la reforma de la vida clerical o la organización de la Iglesia en nuevos territorios.
8. San Pablo, patrono de este concilio, es un modelo de celo por la verdad y la unidad en la Iglesia. En su epístola a los Efesios, escribe: “Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como también fuisteis llamados a una sola esperanza de vuestra vocación” (Ef 4:4). Este llamado a la unidad y al fortalecimiento de la fe resuena profundamente en nuestra misión actual.
La obligación de asistir a los concilios
9. La obligación de los obispos de asistir a los concilios ecuménicos es una responsabilidad que se deriva de su consagración episcopal y su pertenencia al Colegio de los Obispos. Este deber no es meramente una cuestión de disciplina eclesiástica, sino una manifestación de la comunión eclesial y del sentido de responsabilidad que los obispos tienen hacia la Iglesia universal.
10. El Concilio de Trento, en su decreto sobre la residencia de los obispos, subraya que la negligencia en esta obligación es una grave falta contra la unidad y la caridad en la Iglesia. Los Padres Conciliares de Trento, conscientes de los desafíos que enfrentaba la Iglesia en su tiempo, hicieron hincapié en la necesidad de que todos los obispos asumieran su deber de asistir al concilio y participar activamente en sus trabajos.
11. El Código de Derecho Canónico vigente establece que “todos los Obispos que sean miembros del Colegio Episcopal, y solo ellos, tienen el derecho y el deber de asistir al Concilio Ecuménico con voto deliberativo” (Cann 339, §1). Esta normativa canónica refleja la tradición constante de la Iglesia de considerar la participación en los concilios como una obligación moral y jurídica para los obispos. En la bula de convocatoria del Concilio Ecuménico Paulino, he recordado que este deber no es solo una formalidad, sino una exigencia vital para la integridad de la misión apostólica confiada a los obispos.
12. La asistencia al concilio es, por tanto, un acto de obediencia a la voz de Cristo, quien llama a sus pastores a guiar a su rebaño en tiempos de incertidumbre y desafío. Al participar en el concilio, los obispos no solo cumplen con una obligación legal, sino que también demuestran su compromiso con la misión evangelizadora de la Iglesia y su deseo de colaborar en la edificación del Cuerpo de Cristo.
La importancia de la comunión episcopal en los concilios
13. La comunión episcopal es un principio fundamental que subyace a la participación de los obispos en los concilios ecuménicos. Esta comunión, que tiene su raíz en la unidad del Colegio Episcopal con el Papa, se expresa de manera especial en los concilios, donde los obispos, reunidos en torno al Sucesor de Pedro, actúan colegialmente para discernir y definir la enseñanza de la Iglesia.
14. En Lumen Gentium, el Concilio Vaticano II enseña que “el Colegio Episcopal, en cuanto compuesto de muchos, expresa la variedad y universalidad del Pueblo de Dios; y en cuanto congregado en un todo bajo un solo jefe, expresa la unidad del rebaño de Cristo” (Lumen Gentium, 22). Esta unidad en la diversidad es un reflejo de la comunión trinitaria y de la misión de la Iglesia de ser un signo e instrumento de la unidad del género humano.
15. La comunión episcopal, que se manifiesta de manera especial en los concilios, es esencial para la vida de la Iglesia. En un mundo cada vez más fragmentado, la Iglesia está llamada a ser un testimonio de unidad y reconciliación. Los concilios ecuménicos, en los que los obispos se reúnen para deliberar y decidir en común, son una expresión visible de esta comunión y un recordatorio de la llamada de Cristo a sus discípulos: “Que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, para que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado” (Jn 17:21).
III. REFLEXIÓN SOBRE LA CONVOCATORIA DEL CONCILIO PAULINO
16. El Concilio Ecuménico Paulino, convocado en un contexto de gran relevancia para la Iglesia en el mundo digital, representa una oportunidad única para renovar el compromiso de los obispos con la misión evangelizadora de la Iglesia. En la bula de convocatoria, he subrayado la importancia de este concilio como un momento de gracia y discernimiento, en el que la Iglesia se reúne para escuchar la voz del Espíritu Santo y responder a las necesidades contemporáneas de los fieles.
17. En la tradición conciliar, la participación activa y comprometida de los obispos es fundamental para el éxito de las deliberaciones y la implementación de las decisiones tomadas. San Pío X, en su encíclica Pascendi Dominici Gregis, hizo un llamado a los pastores a mantener la pureza de la doctrina y a enfrentar los desafíos de su tiempo con valentía y sabiduría. Su ejemplo sigue siendo una guía para los obispos que participan en este concilio, recordándoles la importancia de su papel como guardianes de la fe y pastores del pueblo de Dios.
IV. LISTADO DE OBISPOS CONVOCADOS
18. En virtud del mandato apostólico y conforme a la tradición eclesial que ha guiado la Iglesia a lo largo de los siglos, y siguiendo el ejemplo de los primeros concilios que definieron la vida y doctrina de la Iglesia, convocamos a los siguientes obispos al Concilio Ecuménico Paulino:
CARDENALES:
I. MONS. RAFFALE, CARD. VITALI;
II. MONS. JOSIEL DAVID, CARD. VAZQUEZ;
III. MONS. JESÚS VALENTIN, CARD. ORTIZ;
IV. MONS. JESUS ANTONIO, CARD. ESTEBAN;
V. MONS. NICOLAS, CARD. QUINTERO.
OBISPOS:
VI. MONS. MARIANO VILLAREAL;
VII. MONS. ANGEL CASTILLO;
VIII. MONS. URIEL GARCÍA;
IX. MONS. KEVIN MIRANDA;
X. MONS. NAHIM RUIZ;
XI. MONS. SANTIAGO ZUÑIGA.
19. En virtud de la autoridad apostólica que me ha sido confiada y de acuerdo con las normas establecidas en la bula de convocatoria, estos obispos están convocados para participar con plena dedicación en las deliberaciones del Concilio Ecuménico Paulino. Su presencia y contribución son esenciales para la realización de los objetivos conciliares, en el espíritu de unidad y servicio que ha caracterizado a la Iglesia desde sus primeros días.
20. Siguiendo el mandato del Señor y el ejemplo de los Padres Conciliares de la Iglesia primitiva, que se reunieron en los concilios de Nicea, Calcedonia y otros, para salvaguardar la pureza de la fe y la unidad del Pueblo de Dios, estos obispos están llamados a colaborar en la búsqueda de la verdad y en la edificación de la Iglesia en este momento crucial de nuestra historia.
21. Que este Concilio Ecuménico Paulino sea un signo visible de la unidad en la diversidad y una ocasión para renovar nuestra fe en Cristo y nuestro compromiso con la misión de la Iglesia.
22. Con la convicción de que el Espíritu Santo guiará nuestras deliberaciones y decisiones, confiamos en que el Concilio Ecuménico Paulino fortalecerá la unidad de la Iglesia, profundizará nuestra comprensión de la fe y renovará nuestro compromiso con la misión evangelizadora. En el espíritu de los grandes concilios que han marcado la historia de la Iglesia, nos esforzamos por ser fieles a la enseñanza de los Apóstoles y a la tradición patrística que ha enriquecido la vida de la Iglesia a lo largo de los siglos.
23. Que la intercesión de San Pablo, patrono de este concilio, y de todos los santos y mártires, nos acompañe en este proceso. Que sus ejemplos de fe y perseverancia nos inspiren a buscar siempre la verdad y la unidad en Cristo. Y que, a través de este concilio, podamos servir mejor al Pueblo de Dios y avanzar en la misión que el Señor nos ha confiado.
Dado en Roma, junto a San Pedro, a los veintiún días de mes de Agosto, memoria litúrgica de San Pío X, del año del Señor de dos mil veinticuatro, primero de nuestro pontificado.
