PIVS, EPISCOPVS
SERVVS SERVORVM DEI
El Señor Jesús, Buen Pastor, que “llamó a los que Él quiso, para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar” (cf. Mc 3,13-14), continúa hoy confiando a su Iglesia la misión de formar sacerdotes según su Corazón. En comunión con la Tradición Apostólica y con la solicitud que la Sede de Pedro debe ejercer sobre la formación de los futuros ministros sagrados, miramos con esperanza y responsabilidad el Seminario Pontificio Mayor de Roma, alma de esta Iglesia que preside en la caridad a todas las Iglesias (cf. San Ignacio de Antioquía, Ad Romanos).
Por tanto, atendiendo a las normas de la Santa Madre Iglesia y al bien espiritual de los seminaristas, en virtud de la autoridad que nos ha sido concedida, NOMBRAMOS Y DESIGNAMOS a los siguientes hermanos como Formadores del Seminario Pontificio Mayor de Roma, para que, con celo ardiente y ejemplo de vida, acompañen y guíen a los candidatos al sacerdocio:
- Su Em. Rev. Mons. Nicolas Card. Quintero, en calidad de Rector,
- Su Exc. Rev. Mons. Cristian Montano, en calidad de Formador,
- Rev. Pbro. Gabriel Andrade, en calidad de Formador,
- Rev. Pbro. Eduardo Potenciano, en calidad de Formador,
- Rev. Pbro. Luis Rhea, en calidad de Formador,
- Rev. Pbro. Gabriel Santos, en calidad de Formador.
Estos nombramientos se confieren de acuerdo con las disposiciones del Código de Derecho Canónico, especialmente los cánones 232-264, que establecen la obligación de la Iglesia de proveer la adecuada formación de los candidatos al ministerio sacerdotal, así como el canon 239 §1, que prescribe la presencia de formadores idóneos para el crecimiento humano, espiritual, intelectual y pastoral de los seminaristas.
Exhortamos a los nuevos formadores a vivir este servicio como un verdadero ministerio de amor paternal, recordando que “la mies es mucha, pero los obreros pocos; rueguen, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies” (Lc 10,2). Que su vida de oración, su fidelidad a la Iglesia y su testimonio de caridad sean la primera y más elocuente lección para quienes se preparan a recibir el sagrado orden.
Invocamos sobre ellos la intercesión de la Santísima Virgen María, Madre de los Sacerdotes, y del Apóstol San Pedro, para que acompañen su misión con gracia abundante.
Dado en la Ciudad Apostólica de Roma, junto a la tumba del Apóstol Pedro, a los veinte días del mes de Setiembre del año santo de la esperanza de dos mil veinticinco, primero de nuestro pontificado.
